La imagen
En su solidez, el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada abre sus brazos y reposa precioso y serenísimo sobre las aguas danzarinas del estanque, a pesar que la alcaldía de EH Bildu le deje sin luz artificial. Está visto que no pocas veces la naturaleza acierta más que los malos hombres.
Hoy he comprendido por qué los arquitectos que diseñaron este hermoso conjunto arquitectónico y urbanístico, situaron un enorme estanque delante del monumento, en posición perpendicular a su eje más largo: para que su solidez, tan criticada por algunos que ignoran sus arquerías a modo de brazos, se haga líquida como el espíritu, se mueva en el reflejo del agua, se acompañe e las ramas de la hermosa arboleda que le rodea. Los que odian el monumento, lo saben, y por eso quieren cegarlo al mundo. Mientras tanto, los aberrantes harán danzar al agua creyendo así que han vencido al monumento. Como detalle diré que la bandera de Pamplona es verde, y la de Navarra roja, no nos confundan esos artífices de la mentirosa ikurriña con ambos colores en la fuente. Equivocados en sus revancha ahistórica, su victoria es pírrica, y, además, lo que quieren, no lo pueden hacer.
En su miseria, unos y otros ignoran que los héroes y hasta mártires sabrán defenderse a sí mismos. Los unos, los frontalmente enemigos del monumento, son revanchistas y, espiritual y materialmente talibanes. Los otros, los pasotas ante el monumento o los que no lo quieren defender tal cuál es, son ignorantes, compradores fáciles del discurso ajeno para acallar el vocerío callejero e insultos que les dan miedo, y siempre cobardes y acomodaticios, desde la penosa asamblea conjunta de sacerdotes y obispos de 1971, viviendo confortablemente mientras abandonan a sus muertos. Sepan todos que, aunque no sabemos cómo, los muertos se defenderán a sí mismos, ya que hoy, en esta tierra navarra que fue de santos y héroes, nadie lo hace.
Por eso, por haberse dejado quitar el alma, unos devorarán navarra, y toda solemnidad de los otros, todo realzar las ceremonias eclesiásticas en la S. I. catedral, van a resultar oropeles de hipocresía si es que ceden definitivamente la mayor. Transformada Navarra en una tierra sin alma, sólo los muertos defenderán a sus muertos.
Lo único que nos consuela de tejas abajo es que todo lo que ocurre en Navarra no refleja la sociedad navarra, sino que es una superestructura que nos han hecho creer que es la realidad. La revolución en Navarra viene desde arriba, desde la claudicación de todas sus élites, y desde la corrompida partitocracia. Ahora bien, si los talibanes tienen razón en sus planteamientos marxistas, ¿por qué se empeñan tanto, de forma tan violenta y sucia, para imponer el devenir necesario de la historia? No tardará su ideología de caerse como un castillo de naipes, máxime cuando reconozcan por qué sus antepasados de no hace mucho murieron en el frente de batalla contra el comunismo, gracias a los cuales España no ha sido una Cuba desde hace mucho tiempo.
Lo que hagan los eunucos de procedencia diversa, en su talibanismo o bien en su entreguismo, según el caso, sólo podrá realzar a los muertos por Dios Jaungoikoa, por Dios y por España, y muchos de ellos por Dios, la Patria y el Rey.
Es trágico que los nacionalistas vascos que lucharon con los nacionales por Jaungoikoa contra el comunismo ateo y antiteo, y murieron en el frente de batalla, tengan su nombres grabados en sus muros. ¿Y los muchos que rezaban todos los días el Gure Aita o el Agur, María, grazia betea...?
La fuerza de la propaganda, todo un artificio prolongado durante décadas en nuestra época de libertad, ha hecho enfermar de muerte a no pocos, y ha paralizado agónicamente a muchos. Parece que el mal está en bloque. Venido el aborto en 1985 donde chorrea la sangre inocente, todo es posible, la destrucción de monumentos funerarios y la corrupción de los niños en las escuelas. Mientras tanto, seguimos comprando y vendiendo con toda paz, insensibles. ¿Pero qué pasa aquí? Esta generación desaparecerá, y ya vendrá otra más honrada.
Que la izquierda más ultra, hoy haya legislado delitos de odio, no es en vano. Ello "justificaría" la revancha de los vencidos hace casi un siglo, pues cuando quieres odiar, te justificas diciendo que quien odia es el otro, y santas pascuas. Este es un truco muy viejo. Pues bien, la paz no está ni en la revancha ni en abandonar a los que, hace casi un siglo, dieron todo por su familia, la Iglesia católica y la sociedad, sin pedir nada a cambio. ¿Haríamos nosotros lo mismo? ¡Jauna, egin nazazu zeure bakearen zerbitzari!
J.F.G.
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