domingo, 11 de diciembre de 2016

La Piedad de la parroquia de Cristo Rey, homenaje a las mujeres navarras

La Piedad de la parroquia de Cristo Rey (Pamplona)

A las madres, esposas e hijas de los navarros fallecidos
en el Frente de batalla en la Cruzada por Dios y por España, 
en consonancia con el  acuerdo de la Hermandad.

A aquellos que por su situación y cargo han estado llamados
a mantener los restos mortales en la Cripta del
Monumento de Navarra a sus Muertos en la Cruzada

José Fermín Garralda Arizcun*
Dr. en Historia
8-XII-2016
*Hay derechos de autor sobre el texto y las imágenes


Índice:
1.¿Por qué la imagen de la Piedad?; 2. Una aclaración; 3. Una imagen procesional; 4. ¿Cuándo nació la idea de encargar la talla de La Piedad?; 5. La Piedad y los acuerdos para 1961; 6. Emplazamiento de la Piedad; 7. El encargo y el artista; 8. El coste


A
 LA VISTA de todos se encuentra este bellísimo conjunto escultórico de la Piedad en la parroquia de Cristo Rey de Pamplona,  desde su bendición por el Sr. Arzobispo don Enrique Delgado Gómez el 19-VII-1967 hasta el día de hoy.

En este trabajo de historia queremos analizar el encargo de éste grupo escultórico de la Piedad, el móvil que tuvieron los que lo hicieron y su significado, así como su realización, advirtiendo las dificultades que tuvieron de todo tipo, y dónde se localizó finalmente. Lo hacemos en el día de hoy, motivados por el inconcebible desprecio de unos, la pasmosa indiferencia de otros, y el dolor contenido en silencioso de muchos, ante la exhumación de ocho restos mortales de la cripta del Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada. Quizás nuestros tiempos de talibanismo pasen a la historia.
Desde 1967 han pasado casi cincuenta años y ésta escultura tiene todo su frescor expresivo, adecuado para el motivo por el que se talló. Es un conjunto escultórico impactante, de bella factura modernista, con delicado trabajo de gubia, realizado en madera muy dura y con simplicidad formal dentro de una inspiración clásica. Está sin pintar. Es una obra muy de la época, donde la línea recta domina todo el bulto redondo y recoge, espiritualizado y con una gran unción, el gesto más profundo del alma, en este caso el dolor resignado y concentrado de la Madre al tener en su regazo los restos martirizados de su divino Hijo. Sí, como las madres navarras en la pasada Cruzada, pues a ellas se dedicó la escultura como homenaje.
El juego de las cabezas de Cristo cadáver, con la de su Madre María quien con su mano izquierda ligera y delicadamente sostiene la del Hijo, permite que ambos rostros, en sus naturales inerte y vivo, se fundan con una serena y patética belleza. María, una joven de gran hermosura, no gesticula, sino que sencillamente arrodillada acoge al hijo en su regazo mientras el gesto de su boca denota cómo tiembla de emoción contenida, expresión del destrozo interior provocado por las siete espadas de amor.
Este bellísimo conjunto, obra del escultor valenciano afincado en Pamplona don José Lopez Furió, fue encargado por la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz y costeada por ella, por muchísimos navarros y ayuntamientos, recibiendo una  ayuda del Ayuntamiento de Pamplona y la Diputación Foral del viejo Reino.
La ejecución de la escultura de la Piedad, y su colocación junto al presbiterio de la parroquia de Cristo Rey, donde hoy se encuentra abierta a la devoción popular, fue un camino lleno de dificultades, con varios hitos principales como fueron los años 1959, 1961, 1964 y 1967.
Para orientar debidamente al lector, establecemos una cronología de la Hermandad así como de la imagen de la Piedad:
26-XII-1939 Decreto de erección de la Hermandad canónica de Caballeros Voluntarios de la Cruz por Mons. Marcelino Olaechea Loizaga en el monasterio de Irache (sede temporal).
2 al 3-XII-1939 Primera marcha a Javier de quienes luego formarían la Hermandad.
Marzo 1940 Segunda marcha a Javier por cuenta propia, impulsada por mons. Olaechea para sólo al Hermandad.
9-III-1941 Después del ensayo anterior, primera Javierada oficial o diocesana convocada por mons.. Olaechea para toda Navarra.
15-X-1947 La Diputación Foral acuerda ofrecer al Sr. Obispo el monumento, quien aceptó ese mismo 31 de octubre. La Diputación lo ratifica en sus acuerdos del 2-III y 6-IV-1957
7-XII-1950 Decreto de aprobación definitiva de las Reglas y ceremonial de la Hermandad por el obispo mons. Enrique Delgado Gómez
4-XII-1952 Inauguración oficiosa del Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada. En 1957 la Diputación intentó  sin éxito y ante el ministro de Justicia Sr. Iturmendi, su inauguración solemne.
28-XI-1953 y 22-IV-1959 La Hermandad solicita a la Diputación Foral permiso para que su Sede fuese el Monumento de Navarra.
18-I-1957. Decreto de Fundación Memoria de Misas en el Monumento de los Mártires de la Cruzada.
7-XII-1958 Primera Santa Misa de sufragio en el monumento por la Hermandad de los Alféreces Provisionales, con Nota pública de la Diputación Foral el día 2.
13-I-1960 Decreto del traslado de la Sede de la Hermandad del monasterio de Irache a la Iglesia panteón de los Mártires de la Cruzada, donde residirá la fundación perpetua de Misas por los muertos por Dios y por España.
Abril de 1961. La Hermandad, en su comunicación a la Diputación Foral,  renueva su proyecto de la Piedad.
17-VII-1961 Traslado solemne de los restos mortales de siete de los inhumados en la Cripta del Monumento.
17-IX-1961 Despedida de la Hermandad de su Sede provisional del monasterio de Irache, y traslado de dicha Sede al monumento de Navarra.
1-II-1963 La Diputación Foral cede gratuitamente el monumento, solar, edificios y jardín al Arzobispado. La escritura pública fue del 22-VI-1963. Como condiciones el templo debía de ser votivo de forma permanente, no se debía colocar en él imagen alguna salvo el Cristo de Adsuara, y su mantenimiento era por cuenta del arzobispado -aunque esto último no satisfizo al Sr. Arzobispo-.
30-VII-1964 Traslado del último resto mortal, el de Severiano Arregui Olalquiaga, de los ocho inhumados en la Cripta.
25-X-1964 La Hermandad publicita el boceto de la Piedad, obra del escultor Adsuara.
18-XII-1964 El escultor Juan Bautista Adsuara acepta en encargo de la Piedad.
13-XI-1965 El prior visita a Adsuara en su estudio de Madrid y se convence de la necesidad de rescindir en encargo apalabrado.
Enero de 1966. Se contrata definitivamente al imaginero José López Furió.
28-XI-1966 Entrega del boceto de la Piedad a la Hermandad, obra de López Furió.
5-VII-1967 Entrega a la Hermandad de la talla definitiva de la Piedad, obra así mismo de López Furió.
19-VII-1967 Bendición de la Piedad por mons.. Enrique Delgado Gómez en la parroquia de Cristo Rey. El conjunto escultórico queda en esta parroquia hasta hoy.
4-VII-1997 Preacuerdo de donación con condiciones del monumento por el arzobispo de Pamplona-Tudela a beneficio del  Ayuntamiento de Pamplona, con aprobación del Pleno municipal el 12-IX-1997. El 19-V-1998 se firmó el acuerdo final.
16-XI-2016 Inadmisible exhumación de facto de los siete restos mortales de la cripta que quedaban (los del general laureado Emilio Mola Vidal fueron exhumados el día 24 del octubre a pesar de la oposición discreta de su noble hija). Se realizó con la oposición declarada de los familiares de cuatro inhumados, el silencio de los familiares no localizados de otro, y la aceptación de los familiares de dos más aún en contra de lo realizado por sus parientes más directos e inmediatos.

1.    ¿Por qué la imagen de la Piedad?

P
REGUNTEMOS el por qué de este conjunto escultórico presidido por la Cruz para un monumento funerario como era el monumento de Navarra a sus Muertos en la Cruzada. ¿Pudo colocarse en dicho monumento, y por qué se ubicó finalmente en la parroquia de Cristo Rey?
Recuerden en adelante el párroco y los feligreses de la parroquia de Cristo Rey, así como el arzobispado de Pamplona, que esta talla fue propiedad de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz, que la dejaron en dicha parroquia para el culto público y como Recuerda del sacrificio heroico de las mujeres navarras, madres, esposas e hijas, esto es, como “homenaje perenne al heroísmo de las madres y esposas de los muertos navarros en la Cruzada Nacional”, realizado al fin con ocasión de la conmemoración a los XXV años de dicha Cruzada “para defender la religión católica y a España”. A esta celebración nos referiremos en no pocas ocasiones.
Ofrecemos expresamente este “recuerda” tras -según mi criterio- las vergonzosas e injustas exhumaciones de los ocho restos mortales de la Cripta de dicho monumento. Porque fue una Cruzada defensiva de la religión católica perseguida desde 1931 hasta llegar al paroxismo al comienzo de la guerra, ¿se enteran quienes no quieren enterarse o bien lo han olvidado, así como quienes estaban más que nadie obligados a mantener los restos de los héroes y mártires en dicha Cripta? A los difuntos se sumarían los mutilados y heridos, cuyas madres, esposas e hijas, participaron sin duda del homenaje dispensado a aquellas cuyos varones cayeron generosamente en el Frente sin recibir nada a cambio…. salvo la vida eterna.
A continuación aportamos algunas muestras de este espíritu religioso, negado por quienes se propusieron vaciar espiritualmente la sociedad a ocupar ya desde 1937.
En la despedida que el 17-IX-1961 la Hermandad hizo de su sede provisional del monasterio de Irache, donde fue fundada el 26-XII-1939, para trasladarse al monumento de Navarra, el prior don José María Echarri Loidi, hizo memoria de la fundación de la Hermandad y del espíritu continuado por aquella, diciendo:

“Cae la Monarquía, mejor diríase, huye de España, se implanta un régimen republicano con cara de benignidad, y como diría poco antes un político famoso en la plaza de toros de Valencia, Alcalá Zamora, con obispos.
Pero, pronto, la República, descubre su cara oculta, iniciándose al poco tiempo la quema de Iglesias y conventos; se expulsa de España a los jesuitas incautándose el Gobierno de todos sus bienes; se manda al destierro, entre Guardias Civiles, al Cardenal Primado; se quitan los Crucifijos de las escuelas, se persigue a Cristo, en una palabra (…).
Rebosó el vaso con el asesinato de D. José Calvo Sotelo. Estalló el Alzamiento al que se sumó Navarra con hombres y haciendas; costosa y larga fue la redención de España. El balance: miles y miles de navarros muertos por Dios y por España al grito de Viva Cristo Rey!, para impedir que España fuera aherrojada por las garras del comunismo ateo, regando con su sangre generosa las tierras todas de la Patria” (Irache, 17-IX-1961).

El 14-I-1961 la Hermandad escribió un largo memorial a la Diputación Foral proponiéndole que se conmemorase el XXV aniversario de la sublevación o alzamiento de Navarra en defensa de la religión católica y de España. En él, se recogían tres anécdotas que ponían de manifiesto el heroísmo de la mujer navarra:

“Una madre despide en Pamplona a un hijo de diez y ocho años y al darle el último Adios, le dice como despedida: “Ve a combatir, hijo mío a ocupar el lugar de tu padre. No temas a la muerte”. (Memorial de la Hermandad a la Diputación, 14-I-1961, 8 fols. f. 3 y 4)

“De un pueblo de Navarra acababan de salir camino de Pamplona el padre y varios hijos para incorporarse a las primeras fuerzas de voluntarios constituídas en la capital, llevando como distintivo su boina roja. El padre ha ordenado a su hijo pequeño que se quede en casa al cuidado de los campos y de su madre, aunque en contra de su voluntad. Al sentarse a la mesa a la hora de cenar, al no ver nada sobre élla, pregunta a su madre: “Madre, ¿hoy no se cena?”. Y la madre, sécamente, le responde: “En esta casa no hay cena para los cobardes”. El hijo le explica que cumple con lo que ha ordenado su padre; pero la madre le contesta que: “Dios proveerá” y al día siguiente el séptimo hijo se unía en Pamplona a su padre y a sus seis hermanos”. (Memorial de la Hermandad a la Diputación, 14-I-1961, 8 fols. f. 3 y 4).

“Una madre de Sangüesa recibe la noticia de que su segundo hijo, requeté como su hermano, ha muerto como él en la dura lucha, y élla, la madre, sin inmutarse, responde al que le ha dado la noticia: ¡Qué le vamos a hacer! A eso fueron: A morir por Dios y por España. Bendito sea Dios!”. (Memorial de la Hermandad a la Diputación, 14-I-1961, 8 fols. f. 3 y 4).

“El siguiente relato se debiera escucharlo de pié. Llegó el féretro en el que se encierra el cadaver del segundo hijo muerto en el frente como el primero. Una bala le partió el corazón. La madre contemplando el cadaver de su hijo, dolorida y acongojada por acerva angustia, pero sorbiendo su dolor, rezó un Padre Nuestro y al terminar, dirigiéndose al cadaver le dijo con fuerte voz: “Al morir, hijo mío, no pudiste gritar como tu hermano, Viva Cristo Rey!. Yo se  que me hoyes (sic.). Contesta, pues, a tu madre: VIVA CRISTO REY! VIVA CRISTO REY! VIVA CRISTO REY!!. Y sin sollozar, con serenidad espartana cerró la caja, después de estampar un beso en el cadáver del hijo. Sublime! Inconcebible, si no hubiésemos luchado por Dios y por España”. (Memorial de la Hermandad a la Diputación, 14-I-1961, 8 fols. f. 3 y 4).

En abril de 1961, la Hermandad envió un escrito a la Diputación con un programa de actos para dicho XXV aniversario. Entre otros aspectos que recogemos después, indica la creación de una medalla conmemorativa para las madres y esposas de los navarros muertos, el traslado de los restos mortales de quienes yacerán en la Cripta, y una subvención parcial para la talla procesional de la Piedad. Todo ello se justifica de esta manera:

“Próxima la fecha del XXV Aniversario, en el que, roto el dique que embalsaba las esencias de la Tradición; los rayos fulgurantes de una esperanza de redención cruzaron los ámbitos de España, oprimida por la tiranía de una República masónica, tolerante con todos los atropellos del socialismo y comunismo.
La Patria tenía puestos sus ojos anhelantes en una pequeña Región del norte: NAVARRA, que, providencialmente, al impulso de su Fé en Dios, respondiendo virilmente a la llamada angustiosa de la Madre, se levantaría en armas aquel memorable “19 de Julio de 1936”, enfrentándose decididamente a los enemigos de Dios y de España.
(…) Pero esta conmemoración quedaría como truncada si solo se redujera a rendir tributo de admiración, sólamente a los héroes que descansan en el Señor.
Sentimos admiración por otros héroes callados que merecen nuestra gratitud: las madres y esposas de los gloriosos muertos por Dios y por España, crisol donde se forjan las virtudes de esta tierra, guardián permanente de las mismas.
Su heroísmo se muestra en el desprendimiento, verdaderamente Heróico que hacían de los hijos y esposos, cuando de defender la Religión católica se trataba. Y entre los innumerables hechos acaecidos, sólo presentamos el siguiente, que rubrica todo cuanto se pueda decir en exaltación de sus desprendimiento y abnegación.
Llega a un pueblo el ataúd que contiene el cadáver del segundo hijo que acaba de morir en el frente. Paróse el cortejo fúnebre y se abrió despacio la caja. El mozo parecía de cera. Una baja roja le había partido el corazón. Su madre, presente, erguida, sorbiendo su dolor, reza un padre Nuestro, con unción, ensimismada en la presencia de Dios. Una vez rezado, se dirige a su hijo y con voz fuerte le dice, entre la admiración y emoción, malcontenida, de los presentes: “AL MORIR, HIJO MÍO, NO PUDISTE GRITAR COMO TU HERMANO, VIVA CRISTO REY¡ YO SE QUE ME OYES, CONTESTA, PUES, A TU MADRE: VIVA CRISTO REY!, VIVA CRISTO REY!!, VIVA CRISTO REY!!! Y sin sollozar estampó un beso en el cadáver y cerró la caja.
Hemos meditado, profunda y serenamente, en tan sublimes sacrificios y no hemos encontrado modo más apropiado para perpetuarlos en las generaciones venideras que plasmar el homenaje a las madres y esposas de los mártires de la Cruzada en una talla de la Virgen María, en su advocación de LA PIEDAD y, que podría colocarse en un altar construido en una Capilla lateral del Monumento., anteriormente aludido, junto a la puerta de entrada al mismo (…)” (Memorial de la Hermandad a la Diputación, firmado por el delegado pater Juan Ollo y el prior José Mª Echarri Loidi, 25-IV-1961, 5 pp.; Solicitud de apoyo económico a los Ayuntamientos y concejos, Carta 20-X-1964, firman los mismos; Circular impresa a los “Navarros todos”).

En otras cartas, la Hermandad tuvo presente de una forma expresa la civilización cristiana, el carácter intrínsecamente perverso del comunismo, y la herencia espiritual de Navarra expresada en misioneros, santos, y guerreros ilustres…:

“La prosperidad y la paz de que gozamos, fueron fruto de aquella heróica decisión de Navarra, que al volcar en la balanza de la civilización cristiana, al enfrentarse con el comunismo “intrínsecamente perverso” según frase de S.S. el Papa Pío XI, con toda la fuerza de su espíritu pronto y decidido asentada en el corazón todos aquellos miles y miles de hijos de esta bendita tierra de misioneros insignes, de santos excelsos, de guerreros ilustres, jóvenes y viejos que empuñaron las armas para redimir a España de la esclavitud a que deseaban someterle los bárbaros modernos, la que nos dio la victoria (…)” (s.f.).

“Finalidad.- La Hermandad de Caballeros Voluntarios de la cruz quiere plasmar en este grupo escultórico el homenaje de Navarra a las madres y esposas de los gloriosos muertos navarros en la cruzada Nacional, la mayoría de las cuales tuvieron varios hijos voluntarios (tres, cuatro, cinco, siete…) y muchas, también, marido y hasta siete hijos que salieron voluntarios a los frentes de batalla para defender la religión católica y a España.
Las madres y las esposas de los mártires de la Cruzada que murieron durante la campaña nacional de liberación para que nosotros disfrutáramos de la Paz fecunda de España, están representadas en aquella madre navarra que con espartano heroísmo se comporta cuando al recibir el cadáver de su segundo hijo muerto en el frente, como el primero, exclama: “Hijo mío, al morir no pudiste gritar como tu hermano, viva Cristo Rey¡ Sé que me oyes. Contesta, pues, a tu madre: Viva Cristo Rey! Viva Cristo Rey!! Viva Cristo Rey!!!. Luego estampando un beso en la frente cerró el féretro, aceptando este sacrificio con admirable conformidad y resignación cristiana dando un formidable ejemplo. Este hecho histórico, hace vibrar de emoción, y denotando la grandeza de ánimo de las madres que así reaccionaban ante la pérdida de los seres más queridos que morían por tan santos ideales” (Carta del prior a Adsuara, 13-I-1965, adjunta orientaciones sobre el “Grupo escultórico de la Piedad”. La misma a López Furió en carta del 19 y 28-III-1966).

Esta estampa de la madre que recibe a su segundo hijo muerto en combate, aparece con frecuencia en la documentación de la Hermandad sobre los motivos que movieron a ordenar la talla de la Piedad. El prior de la Hermandad , Sr. Echarri Loidi, la leyó por primera vez el 14-I-1961. Este había sido voluntario en la Cruzada, y en 1962 ejercía su profesión como ayudante de la dirección de Agricultura y Ganadería de la Diputación Foral de Navarra.
La actividad de la Hermandad sobrepasaba el ámbito de lo inmediato, porque el 27-VI-1966 su prior protestó al ministro de Información y Turismo, Sr. Fraga Iribarne, por las manifestaciones vertidas en TVE por Manuel Calvo Hernando en el programa “Punto de Vista” sobre temas fiscales al amparo de los derechos forales, recordándole los cinco mil navarros “que murieron luchando por rescatar a España del comunismo ateo con una generosidad sin precedentes en la historia”, y la necesidad de no dar argumentos a los nacional-separatistas que por otra parte -añadimos- ya habían actuado físicamente contra el monumento de Navarra en diciembre de 1964.
  
Bendición de la Piedad en
 homenaje a las Madres.
De pie un caballero con la Cruz de la
HCVC y sentado el prior José Mª Echarri Loidi.
"El Pensamiento Navarro",
jueves 20-VII-1967
       En la bendición de la Piedad realizada por el Arzobispo mons. Enrique Delgado Gómez el 19-VII-1967, y sintetizando todas las ideas y sentimientos vertidos en la abundante documentación de la Hermandad, el prior Echarri Loidi realizó un ofrecimiento que es todo un programa. Lo hizo en la parroquia de Cristo Rey, donde se encontraba la imagen, una vez bendecida por el Sr. Arzobispo:

“Ofrecimiento.
Acaba de realizarse una ceremonia: La bendición solemne de este bello grupo escultórico, talla expresiva, debida a la fecunda inspiración de un artista valenciano, don José López Furió, realizada en Pamplona.
La Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz pensó un día rendir un homenaje de admiración y cariño a las madres y esposas de los muertos navarros en la Cruzada Nacional., por su callado heroísmo y sublime abnegación. El prototipo heroico de la mujer navarra lo constituye aquella madre navarra, no importe de dónde, que al recibir el cadáver de su segundo hijo muerto en el frente como el primero, se expresó así ante la emoción incontenible de sus convecinos: “¡Hijo mío!, al morir no pudiste gritar como tu hermano, Viva Cristo Rey; sé que me oyes; contesta, pues, a tu madre, ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!, y estampando un beso en la yerta frente del hijo, cerró la caja, aceptando, resignada aquel tremendo sacrificio.
La consideración de ese heroísmo y abnegación indujeron a la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz a plasmar nuestro homenaje, en un grupo escultórico de “La Piedad”. Múltiples han sido las vicisitudes por las que ha pasado la idea hasta hacerla realidad; las dificultades, sin cuento; pero, ahora, en esta histórica fecha del 19 de julio, aquí, junto al Monumento que perpetúa el homenaje de Navarra a sus mejores hijos, a vuestros hijos y esposos, nosotros, los Caballeros Voluntarios de la Cruz, excombatientes de la Cruzada y con nosotros todos los excombatientes de nuestra tierra y Navarra entera, pues ha sido Navarra encabezada por la Excma.  Diputación Foral, seguida de los Ayuntamientos y pueblo han contribuido con sus aportaciones a la ejecución de esta notable obra, pública y sencillamente, en presencia de todas las autoridades eclesiásticas, Civiles y Militares, gozosos y emocionados os rendimos homenaje entrañable de admiración y cariño.
Mujeres navarras, madres y esposas de los gloriosos muertos por Dios y por España¡: Ahí está nuestro homenaje perenne. La Madre de Dios con su hijo en el regazo, muerto por nosotros, junto a la Cruz, “esperanza única en vida y en muerte” “ (“El Pensamiento Navarro”, jueves, 20-VII-1967).

Este texto fue supervisado y aprobado por el sr. Arzobispo el 16 de julio. Poco antes, el 24-XI-1964 “La Gaceta del Norte” recogía adecuadamente la finalidad de la Hermandad cuando explicaba:

“Este nuevo “paso” constituye un homenaje perpetuo a las madres y esposas navarras, que durante la última guerra española llegaron a perder a sus marides e, incluso, a varios hijos. Madres y mujeres que tuvieron la heroicidad de soportar una carga tan pesada con entereza admirable, y que se encontrarán representadas de esta forma en la primera de todas las mujeres, que no puede ocultar su dolor ante el cuerpo de su hijo muerto”

         Para enriquecer la demostración, recurramos a las personas del pueblo llano. Manifestemos algunos ejemplos de cómo varias personas agradecieron la medalla conmemorativa entregada por la Diputación Foral a las familias de los difuntos con motivo del XXV aniversario. En este caso se trata de la respuesta de un hombre navarro de la villa de Falces. Elegimos al hombre -a éste hombre- porque así podremos imaginar y valorar más adecuadamente el sacrificio y dolor de las madres y esposas e hijas. Cuando Aurelio García Elizondo recibió la medalla conmemorativa del XXV aniversario, escribe a la Diputación Foral, agradecido, lo siguiente:

“(…) dicha medalla la recibí con un osculo de paz, un beso, que abarco desde mi querido hijo Jesus, hasta el ultimo navarro que dieron su vida por Dios España y Navarra y por todos sus compañeros Españoles y para terminar de dar las gracias por tan preciada cruz lo ago (sic.) con la despedida personal que hice, al despedir el cadáver (sic.) de mi querido Jesus q.e.d.s.
1º Doy las gracias a Dios, por aber (sic.) tomado carne de mi carne y sangre de mi sangre por la restauración de España y la civilización cristiana.
2º Doy las gracias a todas nuestras autoridas (sic. autoridades) que toman parte en nuestro dolor.
 Y 3º Doy las gracias atodo (sic.) el Pueblo de Falces que (ha) asistido a este funeral y me despido con dos vivas para España y Navarra” (Carta de Aurelio García Elizondo, de Falces, a la Diputación Foral el 15-XI-1962).

Otro caso fue el de Pedro Echeverría Belzunce, que solicitó al secretario de la Diputación -Sr. Uriz- la medalla del XXV aniversario, entregada a las familias de quienes fallecieron en el frente de batalla:

“Por conducto extraoficial me he enterado que la Excma. Diputación, conmemorando la otorgación de la cruz Laureada de S. Fernando, está repartiendo pequeños recuerdos a los padres q(ue) dimos nuestros hijos para la Cruzada y quedaron en el campo de batalla.
Considerandome acreedor a tal distinción por haber tenido tres hijos muertos (dos en el campo y uno en casa por enfermedad contraida) de los cinco que lucharon por la misma causa (…) (Carta al Sr. Uriz, secretario de la Diputación, Pamplona, 15-XI-1962).

         Una señora, Mª del Pilar Barrera, que vivía en Granada respondía al prior el 21-XI-1962 de esta manera:

“Muy sr. mío: No tengo palabras que puedan expresarle mi emoción al recibir la Medalla conmemorativa que con tanto cariño me envia. ¡Dios se lo pague! Y haga presente mi agradecimiento a todos los que componen la Junta.
La Medalla viene a engrosar los trofeos que de la Cruzada tengo en una vitrina; la 1ª bandera que sacó el T(ercio) de Navarra y que cubrió la caja de mi marido (q.e.p.d.), su boina, el Diario de Operaciones, la Medalla Militar con el álbum de firmas de toda Navarra.
Mil gracias de este nuevo recuerdo y todo lo que significa (…)” (Carta de Mª del Pilar Barrera al prior, Granada, 21-XI-1962)

Está claro que los navarros salieron al combate “en defensa de la religión católica y para salvar a España de caer aherrojada en las garras del comunismo” (Carta de la Hermandad a la Diputación, 3-VII-1961). Ya por aquellas fechas era necesario recordar esto, porque por entonces -según hay constancia en varias ocasiones en la documentación de la Hermandad- había quienes querían imponer el olvido, siguiendo la táctica de admiración hacia Moscú o bien conforme a la política de mano tendida. Esto no pasa desapercibido al historiador, como tampoco el libro de Hebert Rutledge Southworth -apellidos exógenos que aturdirían al sencillo español- titulado El mito de la Cruzada de Franco, París, El Ruedo Ibérico 1963, 314 pp. Su autor, nacido el 6-II-1908, fue periodista militante de la izquierda durante la guerra civil española, y Ruedo Ibérico fue la gran editorial antiespañola  de fuera de sus fronteras.
Así pues, ante el discurso ideológico y cómodo de los simpatizantes del Frente Popular como Southworth y otros posteriores, se alzan los testimonios de las familias y voluntarios de a pie, que tenían su vida en sus manos y supieron por qué y por quiénes ofrecerla; más que palabras importan los testigos, y entre estos quienes ofrecieron sus vidas con total generosidad.
En 1961 el prior advertía al miembro de la Hermandad José Moreo que: “tampoco debemos tolerar que se haga propaganda para que se olvide aquella gesta heróica como pretenden muchos que miran con simpatía a Rusia comunista o bobamente secundan las voces del olvido lanzadas por las consignas de la mano tendida” (Prior a José Moreo, de Sangüesa, 13-VI-1961).
Esta imagen de la Piedad no se comprende sin el divino Hijo muerto, y sin el sacrificio de las madres y esposas navarras, en la íntima verdad de los 4.653 varones muertos según datos oficiales de la Diputación Foral de Navarra (4.552 según Salas Larrazabal), muertos en el Frente de batalla, en defensa -sobre todo- de la religión perseguida. Sume Vd. los heridos y mutilados. No obstante, este número sería más elevado, porque la Diputación Foral, ayudada por la Hermandad, repartió 4.699 medallas conmemorativas en 1962, conservándose razón de cuántas en cada localidad.

2.  Una aclaración

Quienes quieren mal a los más de 40.461 combatientes navarros en 1936, hacen juegos dialécticos utilizando a las familias de los lamentablemente represaliados con las que desviar la comprensión de la gran verdad del motivo de quienes fueron al Frente. Ya Jaime del Burgo Torres en su libro Conspiración y Guerra Civil (1970) trató el tema de las represalias, luego con más precisión  Salas Larrazábal, y después otros, quedando por revisar lo que últimamente se ha escrito porque lamentablemente es de parte. Sin embargo, no hacemos aquí causa de ello y lo aceptamos subordinado a las circunstancias y la verdad, y sin atribuir al general Mola lo que gratuitamente se le atribuye.
Quizás pertenezca a la Hoja de Ruta el que Navarra se lleve la palma en hablar de estos penosos temas, superados desde luego hace bastante tiempo. Llama la atención que la otra parte no haga lo mismo con sus difuntos de retaguardias. Por ejemplo -aunque nos refiramos al Principado- nadie habla los 1.309 carlistas -y sólo contamos carlistas y no a muchísimos de otras tendencias- eliminados en la retaguardia en Cataluña (1). Nadie habla de ellos y menos todavía para vulnerar el régimen político actual, la fama de otros que vivieron los hechos, o a la misma Iglesia.
Las víctimas de retaguardia tienen sus monumentos conmemorativos en Navarra, y, sin embargo, se arrasa, se lamina, se quiere destruir cualquier monumento, toda referencia, y desde luego  el honor de quienes salieron al Frente de batalla para defender a los suyos de la persecución religiosa y a España de su desaparición. Estas son dos cosas totalmente distintas. Y a estos últimos, ¿quién les defiende en nuestra sociedad navarra, dormida y paralizada por el Liberalismo y un nuevo clericalismo mal llamado democristiano? Pues según hemos constatado, sólo dicen las cosas los carlistas o tradicionalistas, quienes con ello no hacen política. Ya habrá algún vaguete que quiera excusar su inoperancia diciendo que sí.  De trabajar estos temas paradójicamente huyen quienes nada hacen y confunden las cosas, aunque nuestra sociedad esté absolutamente politizada. Tengamos en cuenta que veinte años antes a 1936 fue  la revolución bolchevique en Rusia, precedida de sus dos golpes de Estado en 1917 y 1918, fue su guerra civil, sass persecuciones, y el genocidio realizado por Lenin y Stalin posterior a la guerra...
Lo que hoy está ocurriendo en Navarra es, según muchos, una revancha, una guerra psicológica, un imponer el temor social, y una utilización indebida del pasado para construir ideología y políticamente la IIIª República, basada en el neomarxismo y el separatismo.
Era necesario decir esto, aunque nuestra aportación en estas líneas sobre la Piedad de López Furió sea puramente histórica. Es necesario decirlo -así lo creo- debido al ambiente social en el que viven las personas que puedan leer estas líneas.
Aportemos un pequeño testimonio personal. El día 13 de noviembre, acompañando a la procesión del cierre del Año de la Misericordia en Pamplona por las calles de la vieja ciudad desde la parroquia de San Lorenzo hasta la catedral, y a la altura de un conocido bar de la calle Mercaderes, alguien escuchó a dos hombres estos comentarios, dirigidos a los que desfilaban en la procesión: “Os quedan dos telediarios”, y “O mejor, dos rosarios”. Ante esos comentarios en voz alta, tal persona se volvió y les dijo: “No somos unos cobardes”. Ante la sencillez de esta afirmación, en uno de ellos salió en ese momento odio de su corazón, empezando a increpar -“nos habéis tenido aplastados durante años” o algo así-, y levantando mucho la voz como si de una llamada se tratase. El deán de la catedral que iba en la procesión, Sr. Ayerra, sintió lo ocurrido según dijo el día 16 de dicho mes.

3.  Una imagen procesional.

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A PIEDAD se destinó al culto público desde el momento de su entrega el 5 de julio y su bendición el 19-VII-1967 (2).
El conjunto escultórico estaba dispuesto con andas como Paso procesional del Segundo Ensanche, a desfilar en la procesión del Santo Entierro el día de Viernes Santo. Las andas estarían en consonancia con la talla. Se pensaba que la imagen podría ir cubierta con una especie de palio. Cada año sería portado por caballeros de una Merindad navarra, de forma rotativa. Por eso, el dosel de dicho Paso llevaría a su alrededor bordados en oro los escudos de las cinco merindades, alegorías en el palio que cubriera la parte superior de las andas, y la Cruz Enseña de esta Hermandad (Carta de la Hermandad a la Diputación, 20-VII-1964; “La Gaceta del Norte”, 24-XI-1964)
En la carta de la Hermandad al Ayuntamiento de Pamplona (7-VIII-1974) se afirma que la procesión de la Piedad sería de largo recorrido y abarcaría en tres tramos. El primero, desde la parroquia de Cristo Rey hasta la catedral, para que la Piedad presidiese el Via Crucis solemne realizado por la Hermandad en sus naves a las tres de la tarde. Después, la Piedad se sumaría a la procesión del Santo Entierro, organizada por la Hermandad de la Pasión y con su conformidad, colocándose como un Paso más al igual que la Dolorosa. En tercer lugar, la procesión de regreso a Cristo Rey.
La opinión en el seno de la Hermandad de la Pasión resultó  contraria a admitir a la Piedad en el desfile procesional del Viernes Santo. A pesar de esta dificultad, según el prior existía la posibilidad de una nueva procesión , pues “desde hace años, algunos han visto una posibilidad de establecer una nueva procesión, la tarde del Viernes Santo a primera hora, desde la parroquia de Cristo Rey hasta la S. I. Catedral metropolitana” (Actas del 31-I-1968).
Vayamos a los hechos. En una ocasión, concretamente en 1969, hay constancia del traslado de la Piedad desde la parroquia de Cristo Rey hasta la catedral, y que a los miembros de la Hermandad les ayudaron voluntariamente un grupo de jóvenes de dicha parroquia. Para crear costumbre al respecto, el Capítulo General del 14-XII-1969 trató -según el Acta conservada- sobre la conveniencia de costear unas andas por la elevada cantidad de 60.000 a 90.000 pesetas. Antes de decidir al respecto, se analizaron las dificultades y fueron tantas que disuadieron del proyecto. Tales eran las siguientes:

1.        “Las ideas postconciliares (que) tienden a suprimir totalmente las procesiones”
2.      La intensificación del tráfico urbano.
3.      El elevado coste de una bajera para guardar las andas.
4.      La necesidad de unos armadores del Paso y porteadores fijos y estables que no se muevan por impulsos como lo hizo la juventud como fue este año. Quizás esto expresase la elevada edad media de los caballeros voluntarios.
5.       La presencia de la Piedad no era muy necesaria en el Via Crucis que la Hermandad celebraba en la catedral a las tres de la tarde del Viernes Santo. Hubiera sido diferente si la Hermandad de la Pasión hubiese admitido el Paso de la Piedad en la procesión del silencio de dicho  Viernes de Dolores. Pero no fue así, pues la Hermandad obtuvo la callada por respuesta a su petición, lo que su prior entendió como una negativa.
6.      El pequeño deterioro que sufrió la talla en el último traslado a la catedral. Este punto fue definitivo para que los asistentes al capítulo general aconsejasen que “no se mueva el grupo escultórico de esta parroquia” de Cristo Rey.


4.                      ¿Cuándo nació la idea de encargar la talla de La Piedad?

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ASARON los años desde la aceptación del primer proyecto del edificio del monumento formado por la Basílica, Cripta y arquerío exterior el 23-VI-1942. El magnífico edificio en toda su sobriedad se terminó y se dio por inaugurado el 4-XII-1952. El monumento fue bendecido. La Hermandad creó una Fundación perpetua de Misas en sufragio de los muertos por Dios y por España en la Cruzada a celebrar en dicho monumento -en todo oficio divino se incluye a todos los demás fallecidos-, y, en 1960, estableció en él su Sede con permiso del Sr. Obispo, toda vez que la Iglesia diocesana iba a ser en breve -según se tenía acordado- la depositaria del monumento en propiedad.
La idea de encargar la talla de la Piedad para ofrecer un sencillo homenaje a las mujeres navarras nació en 1953. No nació en 1961, fecha del citado XXV aniversario. Tampoco la iniciativa fue del prior José María Echarri Loidi, que por su cargo fue quien realizó múltiples gestiones, pues este deseo “siempre estuvo en el ánimo de los distintos Capítulos Supremos que rigieron los destinos de la Hermandad”. En realidad la idea fue lanzada por primera vez por el anterior prior don José Ángel Zubiaur Alegre, a quien -añadimos- tuvimos la dicha de conocer en la Hermandad y fue compañero de Armas de aita Teodoro.
Así lo manifiesta un memorial que la Hermandad envió a la Diputación Foral el 28-XI-1953, en el que también solicitaba permiso para que el monumento fuese su Sede, pues el 4-XII-1952 se habían celebrado su inauguración oficiosa. Más tarde, en 1957 la Hermandad querrá una inauguración oficial del monumento, entrevistándose con el ministro de Justicia Iturmendi, pero sin conseguirlo.
Dicho memorial de 1953 trata sobre la colocación de la imagen proyectada de la Piedad:

“Quedan libres otros dos altares, a la derecha e izquierda de la gran puerta de entrada; más bien son dos Capillas. Si V. E. nos concediese nuestra primera petición de que nuestra Sede fuese el Monumento, aparte de la adscripción que la Hermandad pudiese tener a la cripta mortuoria, teniendo en cuenta el gran fervor mariano de nuestro pueblo y la especial protección que bajo múltiples advocaciones locales la Santísima Virgen nos dispensó en la guerra –testigos son varios Sres. Diputados que en sus Tercios rezarían diariamente el Santo Rosario- quisiéramos rendirle devoción en la figura de la Piedad, de María con su Hijo muerto en sus brazos.
En el homenaje a la Santísima Virgen recogeríamos el que es obligado tributar a las madres navarras, tan sufridas y heróicas, que hicieron posible nuestra aportación a la Cruzada por la educación cristiana que nos dieron. Mucho se ha hablado de nosotros y poco de ellas, queremos subsanar es(e) trágico olvido.
La presencia de la Santísima Virgen en el Templo contribuiría a atraer la devoción de los fieles, la cual aumentará si, como es nuestro propósito, la Imágen saliese procesionalmente por las calles de Pamplona en las solemnidades de la Semana Santa, a hombros de los Voluntarios de la guerra.
Nosotros queremos adquirir con nuestro esfuerzo el grupo de la Piedad, aportando donativos populares, pero el presupuesto que a prevención hemos pedido al escultor Sr. Adsuara, el mismo que trabajará la Imágen del Cristo del altar central, es elevado, aunque en relación con el trabajo que supone no se pueda decir que sea caro. Son 170.000 pesetas, con una talla policromada de dos metros de desarrollo, tamaño impuesto por la proporción de la Capilla” (Memorial de la Hermandad a la Diputación, 28-XI-1953).

En este momento la Hermandad desistió en su proyecto porque la Diputación no respondió a su petición de ayuda económica. Realizó sucesivamente sus intentos el 20-XI-1953, el 22-IV-1959, en abril de 1961 y, al fin, en julio de 1964 (punto 6), siendo el año álgido 1961 (punto 5), hasta que en 1964 comenzó Adsuara a trabajar en el boceto y, en 1967, López Furió realizó la entrega definitiva de la talla (punto 7).  El coste final fue elevado (punto 8).


5.                       La Piedad y los acuerdos para 1961

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LEGÓ el año 1961 y con él la conmemoración de los XXV años de la Cruzada. Este año es central para el proyecto de la talla de la Piedad, aunque venía de 1953 y se empezó a hacer efectivo en 1964. En efecto, la talla forma parte de los actos del XXV aniversario.
En un Capítulo Supremo la Hermandad acordó dos líneas fundamentales de actuación.
Primero, trasladar los restos mortales de ocho héroes y mártires al mausoleo o Cripta de Navarra a sus Muertos en la Cruzada, en representación de todos los navarros muertos en el Frente. Esto ya lo había acordado la Diputación Foral el 10-IV-1954 aunque en 1961 aún no se había realizado. En parte, ello estaba justificado porque la autorización solicitada al Papa fue concedida el 15-X-1957. La documentación de la Hermandad deja claro que la iniciativa del traslado de los restos mortales de los ocho fallecidos en el Frente, fue de la Hermandad. Su petición había insistente durante “muchos años”, hasta que se vio realizada el 17-VII-1961.
También la Hermandad subsanó con su intervención las dificultades con las que tropezaba la Diputación para inaugurar el monumento. De estas últimas se hacía eco Agustín Tihista -miembro así mismo de la Hermandad- desde la Jefatura Militar de Mutilados de Guerra al decir:

“Conocido es el deseo de toda Navarra de que los caídos reposen definitivamente en el grandioso monumento para ellos construido; pero tambien es conocido las dificultades con que tropiezan nuestras Autoridades para su inauguración. La Hermandad puede tomar la iniciativa por si es capaz de romper y vencer las dificultades apuntadas, haciéndoles ver la alegria que el pueblo ha de sentir con el traslado de sus héroes en el digno lugar que les corresponde” (Agustín Tihista al prior Echarri, Pamplona, 29-VIII-1960).

Segundo, encargando una talla de la Piedad en homenaje a las mujeres navarras, lo que se había planteado sin éxito en 1953.
Comentemos este segundo punto retrotrayéndonos dos años antes del traslado de facto de los restos mortales de varios voluntarios a la Cripta. Las fechas y el desarrollo de las cosas estaban exigiendo varios acuerdos simultáneamente. Así, el 22-IV-1959 la Hermandad no sólo solicitaba a la Diputación el traslado dichos restos mortales para “lograr la realidad de su inauguración oficial” (del monumento), sino también que le permitiese tener su Sede en él, así como la cesión de un altar para encomendarse a la Piedad en homenaje a las madres y esposas de los voluntarios muertos en el Frente de batalla (Hermandad a la Diputación, 22-IV-1959). Esta era una forma sencilla pero significativa de valorar, como Hermandad, el esfuerzo de las mujeres navarras en la Cruzada.
Para iniciar la talla de la Piedad, el prior, don José María Echarri, recurrió a don José Yárnoz la Rosa en carta del 22-I-1960, encargándole pensar sobre las condiciones de la escultura y a qué escultor recurrir. Yárnoz era un hombre de total confianza de la Hermandad, por ser académico de Bellas Artes de la Real Academia de San Fernando, arquitecto del monumento con Víctor Eusa, y su caballero de Honor; posteriormente Yárnoz ofreció varios cuantiosos  donativos pecuniarios a la Hermandad.

“La conmemoración se ha plasmado en dos ideas fundamentales: Homenajear a las madres y esposas de los que murieron en defensa de tan santos ideales y trabajar por conseguir que para esa fecha o en el 25 de Julio próximo se trasladen los restos de los generales Sanjurjo y Mola y los de los cinco voluntarios a los mausoleos preparados para inhumar, definitivamente sus restos en el gran Monumento de Navarra a sus Muertos en la Cruzada. Ese homenaje se sintetizará en la adquisición de una talla de la virgen de la Piedad que diga a las generaciones actual y venideras el sacrificio y heroismo de esas madres y esposas y su intervención brillante al educar a sus hijos en los santos principios defendidos en la Cruzada y el desprendimiento generoso de lo más querido: los hijos y los esposos” (Carta de José Mª Echarri a Yárnoz Larrosa, 22-I-1960).

Esta carta añade lo siguiente:

“El Capítulo ha tomado el acuerdo de dirigirse a Vd. y encargarle de las gestiones pertinentes para obtener del artista que estime más apto los datos de presupuesto, medidas, material, etc. aproximado con el fin de saber o contar de antemano con los gastos aproximados que supondrían estas cosas. La talla, comenzando por el Muy Iltre. Sr. D. Juan Ollo Vicario General y Pater de la Hermandad hasta el último de los capitulares estuvimos de acuerdo en que sea de líneas clásicas, materia en la que Vd. será nuestro asesor y director. Interesa saber lo antes posible esos detalles y acuantos (sic.) Vd. estime conveniente para una vez al tanto, poder solicitar apoyo económico de la Excma. Diputación, entidades económicas, comercio y pueblo navarro. También nos gustaría que fuera Vd. el que preparara el diseño para el altar donde se colocará la imagen de la Virgen de la Piedad en una de las capillitas laterales del Monumento y que fuera Vd. el que presidiera esta especie de Comisión que se ha de formar luego para encargarse de este asunto relacionado con la talla y lugar de emplazamiento” (Carta del Pior a Yárnoz, Pamplona, 22-I-1960).

En su nuevo memorial dirigido a la Diputación en abril de 1961, la Hermandad comunicaba su intensión de encargar la talla de la Piedad, solicitando de nuevo y al efecto una capilla en el monumento:

“Hemos meditado, profunda y serenamente, en tan sublimes sacrificios y no hemos encontrado modo más apropiado para perpetuarlos en las generaciones venideras que plasmar el homenaje a las madres y esposas de los mártires de la Cruzada en una talla de la Virgen María, en su advocación de LA PIEDAD y, que podría colocarse en un altar construido en una Capilla lateral del Monumento, anteriormente aludido, junto a la puerta de entrada al mismo” (Memorial de la Hermandad a la Diputación, firman el delegado pater Juan Ollo y el prior José Mª Echarri Loidi, IV-1961).

 En síntesis, esto implicaba lo siguiente:

1.      Hacer un acto que significase la inauguración solemne del monumento, porque la Diputación no consideró así la realizada el 4-XII-1951.
2.    El traslado de su Sede temporal del monasterio de Irache al monumento de Navarra como Sede fija.
3.    Trasladar los restos mortales de seis voluntarios más los generales Sanjurjo y Mola a la Cripta del monumento para “lograr la realidad de su inauguración oficial”.
4.    Que se le cediese un altar del monumento para encomendarse a la Piedad en homenaje a las madres y esposas de los voluntarios muertos en el Frente de batalla
5.     La creación de una medalla conmemorativa para dichas madres y esposas. Se confeccionarán 5.000 medallas de hierro, con las cadenas de Navarra, incrustada entre ellas la laureada de San Fernando, quedando en su centro la Cruz Insignia de la Hermandad. Esta medalla se entregaría a las madres y viudas, en su defecto a los padres y, si hubiesen fallecido todos, a los hijos, hermanas  y en su defecto a los hermanos. Así pues, se otorgaba la medalla siguiendo la sucesión familia con prelación de las mujeres. Las medallas se encargaron a “Industrias Egaña”, de Motrico.
6.    También se solicitó, en este caso al arzobispo de Valencia don Marcelino Olaechea, consejo para solicitar a Roma que la Hermandad fuese constituida como una Orden de caballería para perpetuarse en el tiempo.

Se logró todo ello salvo el punto 4º relativo a la Piedad y el 6º relativo a la concesión por Roma.


6. Emplazamiento de la Piedad

E
L PROYECTO de la Piedad estaba relacionado con su emplazamiento en el monumento, y, en menor grado, con cuál iba a ser  la Sede de la Hermandad y donde iba a instalarse la capellanía o Fundación Perpetua “Memoria de Misas”. Todo ello podía solucionarse felizmente si se elegía el monumento como lugar.
Boceto de Juan Adsuara para la
Piedad de la Hermandad. No fue desarrollado. 
La Hermandad, a la vez que solicitaba el monumento a la Diputación Foral como Sede propia, planteaba la talla de la Piedad y su lógico emplazamiento en el monumento para la pública devoción. Las cosas podían coincidir maravillosamente, pero no coincidieron todas a pesar de los esfuerzos.
Sobre la colocación de la Piedad en el monumento hubo intentos, discusiones y solicitudes a la Diputación Foral pero finalmente ésta mantuvo la negativa por respuesta. Así, la Piedad se colocó fuera del monumento -incluso el día de su bendición-, esto es, se ubicó en la parroquia de Cristo Rey, porque el monumento de Navarra era votivo y se impedía cualquier escultura que no fuese el Santo Cristo de Juan Bautista Adsuara.
Pero no vayamos tan deprisa. Partimos del hecho que durante 21 años la Hermandad tuvo su Sede en el emblemático Monasterio de Irache, desde su fundación por el obispo mons. Marcelino Olaechea el 26-XII-1939. Irache era un importantísimo monasterio medieval, estaba en Tierra Estella, al lado de la que fue corte de Carlos VII, a los pies de Montejurra, y fue Hospital de sangre de la reina doña Margarita. Por estar lejos de Pamplona, Irache era la sede temporal de la Hermandad, así que ésta celebró inicialmente sus actos de piedad en el oratorio del Obispo, y durante muchos años hasta 1960 en la pequeña capilla barroca de San Martín situada la calle Calderería de Pamplona. El cambio de Sede al monumento de Navarra fue a petición de la Hermandad y por decisión del Sr. Arzobispo Enrique Delgado Gómez en su decreto del 13-I-1960.
En sucesivos memoriales la Hermandad indicaba a la Diputación Foral que deseaba colocar la imagen de la Piedad que pensaba encargar, en un altar menor a levantar en la capilla de la derecha del Monumento, como aconsejaba el arquitecto Yárnoz. En dicha capilla podrían añadirse inscripciones apropiadas al culto.
El elemento clave de este problemático asunto es que,  en su escritura de entrega o cesión del Monumento al Arzobispado de Pamplona en 1963 -acordada desde el 15-X-1947-, la Diputación Foral impuso la claúsula 2ª que decía clara y taxativamente: “No se podrá colocar en ningún lugar del Monumento ninguna imagen que no sea la del santo Cristo que lo preside”. Esta era una manera -creemos- de mantener el monumento para un único uso y dedicación, esto es, la originaria y votiva, esto es, en homenaje a los navarros muertos en la Cruzada, de manera que no se pudiese utilizar como parroquia u otros actos diferentes a su dedicación fundacional.
A pesar de las negativas a ubicar la imagen en el monumento, la Hermandad no renunció a encargar la talla de la Piedad, ni a negociar e insistir a la Diputación, hablando además con un espíritu previsor con el párroco de Cristo Rey para, una vez tallada artísticamente la imagen, se colocase en la nueva parroquia si fuese necesario.
La insistencia de la Hermandad para que la Piedad estuviese en el monumento es digna de mérito. Fue al menos en cuatro ocasiones, aunque nada consiguió.
Ya explicaremos -punto 7- que en 1953 la Hermandad planteó a la Diputación, sin éxito, su proyecto de la talla de la Piedad.
Seis años después, el 22-IV-1959 activó de nuevo la idea con ocasión de los preparativos del traslado de los ocho restos mortales a la Cripta del monumento. Hemos dicho -punto 4º- que para la Hermandad este acto implicaba la inauguración solemne que deseaba realizar, pues no admitía que los actos del 4-XII-1952 hubieran sido propiamente una inauguración.
En dicho escrito a la Diputación Foral -“Nuestro Primer Voluntario”-, la  Hermandad solicitaba un altar para colocar una imagen o talla de la Piedad en el monumento, que pudiera ser una de las dos capillas de ambos lados de la entrada principal. Al centrarse la Diputación en el traslado de los restos mortales y remitir a la Hermandad al Sr. Arzobispo toda vez que el monumento iba a pasar al final a sus manos, de nuevo se congeló el proyecto, aunque al menos se obtuvo del Obispo el traslado de la Sede del monasterio de Irache al monumento en 1960. En ese momento, la Hermandad no pensaba que la Diputación fuese a prohibir otra imagen que la del Santo Cristo del altar mayor. En su relación de hechos, el prior Echarri Loidi añade:

“Aquí, quizá, sufrimos un despiste, perdiendo la oportunidad de contar con un altar en el que colocar en su día la talla que se pretendía adquirir, pues si la solicitud se extiende al tercer punto, el Sr. Arzobispo, creemos, hubiera accedido a fijar altar y luego, no hubiera tenido fuerza la cláusula 2ª de la escritura de cesión del Monumento al Arzobispado. Pero no pensemos nunca que la Diputación pudiera establecer esa cláusula, prohibiendo que en el Monumento, en ningún lugar del mismo, hubiera otra imagen que no fuera el santo Cristo que preside el altar mayor del mismo” (Memoria-resumen del prior Echarri Loidi, s.f., f. 2)

De nuevo en abril de 1961, con motivo del XXV aniversario,  la Hermandad solicitó ayuda económica para la piedad. La Diputación respondió que trataría el tema más adelante. No obstante, se trató con los señores diputados. El prior narra lo siguiente:

“La primera visita se hizo al Diputado Foral D. Amadeo Marco Ilincheta, quién después de leer detenidamente el escrito, dijo a los comisionados: En el Monumento, por ser Templo Votivo, no puede haber otra imagen que la del santo Cristo del altar mayor. Al contestarle, haciéndole saber, que en las capillas laterales de la rotonda se habían proyectado para colocar en éllas las cuatro imágenes de los cuatro santos navarros, él insistió en su idea y anticipada oposición, rubricada, al decirnos que si la imagen que proyectábamos adquirir se colocaba en otra Iglesia que no fuera el Monumento, podíamos contar con su apoyo total al estudiarse la petición de ayuda económica” (Memoria-resumen del prior Echarri Loidi, s.f., f.3)

Conocida la posición de Amadeo Marco, se desistió por el momento aunque se entregó copias del escrito a los restantes diputados forales. Dicha postura sobre la talla de la Piedad “para la Hermandad no tenía explicación ninguna y la considerábamos descabellada y hasta hiriente para las heróicas mujeres navarras, (por lo que) se pensó en la posibilidad de instalarla en la parroquia de Cristo Rey, hasta tanto se consiguiera el oportuno permiso para llevarla al Monumento”. El párroco, don  Nicolás Muruzábal -“buen amigo de la Hermandad”, hombre muy bondadoso y al que conocimos de vista desde pequeño- prometió dejar la parroquia como lugar para la Piedad, si al fin “no se nos permitía instalar el grupo escultórico en el Monumento”.
En esta tesitura, y antes que en 1964 se acordase efectuar el encargo al imaginero Juan Adsuara, en julio de 1964 la Hermandad solicitó un donativo para dicha talla que ascendió a 50.000 pesetas, aunque la donante advertía que “en el Acuerdo de concesión (que) el grupo escultórico no podría colocarse en el Monumento”. A continuación comenzó la  propaganda, se abrió una suscripción popular enviando hojas a todos los navarros que contaban con teléfono, se citó a la prensa y radio, y se escribió a los ayuntamientos navarros. El Ayuntamiento de Pamplona aportó otras 25.000 ptas.

Segundo intento. Antes de que el Sr. Arzobispo bendijese la imagen el 19-VII-1967, la Hermandad seguía pensando colocar la Piedad en una capilla del monumento a pesar de conocer la posición de la Diputación. De ahí que, en su carta del 24-VI-1967, solicitaba a la Diputación permiso para trasladar al monumento la imagen que iba a ser bendecida. Firmaron la carta el pater de la Hermandad, su prior y la priora de las damas de honor. Sus peticiones fueron las mismas que años atrás en 1961:

1.      Autorización para consagrar solemnemente el Monumento, ya fuese la basílica de la Santa Cruz ya sólo su altar mayor.
2.    Autorizar que la bendición del grupo escultórico se realizase en el Monumento.
3.    Permitir que la Piedad quedase permanentemente en algún lugar del Monumento. También se solicita que no sea en ninguno de los altares existentes, pues en ellos hay inscripciones y conviene -dicho sea muy espiritualmente- que sean todos los inscritos en el monumento los que hagan a modo de guardia de honor, “agradecidos a la formación santa y recia que sus madres supieron inculcar en ellos que llegaron al mayor de los sacrificios por unos ideales santos, permaneciendo juntos, en armoniosa conjunción, dentro de la Casa del Señor”.

En su acuerdo del día 28 de junio -trasladado el día 30 a la Hermandad- la Diputación  afirmaba que había donado “inter vivos” y de forma irrevocable el monumento al arzobispado, y que existía como limitación la citada cláusula 2ª por la cual en el monumento sólo podía colocarse la imagen del Santo Cristo existente, recordando para ello los acuerdos del 15-X-1947, 2-III y 6-IV-1957, 23-IX-1960 y 1-II-1963.
A pesar de esto se hizo una tercera tentativa. En una nueva carta, el 6-VII-1967 el prior de la Hermandad solicitaba -esta vez al Arzobispado- lo siguiente:

1.      Permitir que la consagración solemne del altar mayor el 18 ó 19 de julio.
2.    Autorizar a que la bendición de la Piedad se realizase en el Monumento y algo antes de celebrarse el funeral solemne anual.

El Arzobispado les respondió a ambas peticiones con la negativa el 14 de julio, porque había que esperar a la consagración del templo después de realizar algunas obras, y además insistía en que debido a la cláusula 2ª de la escritura de donación prohibía que la Piedad estuviese en el Monumento.
Está claro que la Hermandad quería a toda costa que la Piedad estuviese en el Monumento, al menos en algún momento. Bendecida en él, quizás al final la Diputación accedía a que permaneciese. Esta postura era un poco cuenca -como decimos aquí-
Mientras el arzobispado reconocía su propia limitación  y la  imposibilidad absoluta de lo solicitado, el prior advertía que ya la Hermandad había pensado “en que la bendición, ante la probable imposibilidad de realizarla en el Monumento, se hiciera en la parroquia de Cristo Rey”.
En la Memoria anual que esta vez abarcaba los años 1963-68, se deja patente que para Hermandad la talla estaba en la parroquia de Cristo Rey con un carácter temporal, en la confianza de que se trasladase finalmente al monumento, lo que de hecho no ocurrió:

“Esta bellísima talla se venera hoy en la inmediata parroquia de Cristo Rey, pero de precario, esperando que algún día se coloque definitivamente en este Monumento” (Memoria de 1963 a 1968, 10-XI-1968, firma el cronista, 13 fols.)

No terminaron ahí las cosas. Pasemos a la cuarta tentativa, pues no tardó mucho la Hermandad de intentar convencer al vicepresidente de la Diputación, Félix Huarte Goñi, de la necesidad de que la Piedad se ubicase definitivamente en el monumento. En su  carta del 3-V-1970, el prior José Mª Echarri Loidi le informaba de filtraciones de agua, de la necesidad de “reparaciones urgentísimas”, y del estado de abandono debido a “la inhibición y despreocupación por un Monumento tan soberbio y de tan enorme significación religioso-patriótica”. Como la parroquia de Cristo Rey no podía hacerse cargo de las obras por motivos económicos, la Hermandad sugería que el monumento volviese a manos de la Diputación. Pero -sobre todo- la carta también solicitaba la colocación de la Piedad en el monumento. Huarte acusó recibo con una atenta carta del 13 de mayo. Sin embargo hubo dos cartas. La segunda fue una carta similar, que la priora de las Damas, María Carmen Trías (Vda. de Tejero), envió a la Diputación fechada el 14-IX, pues Amadeo Marco pidió la solicitud por escrito.
La argumentación de la Hermandad 1970, que aparece en varios documentos, era de alguna manera lógica:

1.            El encargo de la Piedad fue con miras a que recibiera culto  en el monumento. Por ello, el 22-IV-1959 la Hermandad solicitó a la Diputación que le permitiese trasladar su sede del monasterio de Irache (lugar provisional) al monumento, el establecimiento en el mismo de la fundación perpetua de Misas, “y que se asignase un altar para, en su día, colocar en el mismo una talla de la PIEDAD”.
2.           Los arquitectos del Monumento diseñaron cuatro altares para colocar imágenes de santos navarros, y dos capillas laterales en una de las cuales se instalaría la Piedad.
3.           Si los hijos y maridos muertos en el Frente de batalla tienen sus nombres grabados en las placas colocadas en las paredes, parece lógico que sus madres y esposas reciban homenaje perenne colocándose la talla de la Piedad en una capilla lateral.
4.           Que sea un templo votivo no es razón para no colocar la talla de la Piedad, porque también lo es Cuelgamuros y en su interior se colocó dicha imagen. El Tibidabo de Barcelona y el santuario de las promesas de Valladolid también son votivos y tienen imágenes en su interior.
5.           Canónicamente nada impide la colocación de imágenes.
6.           Hay que prevenir el hecho que un nuevo párroco de Cristo Rey pudiera considerar inadecuada la presencia de la Piedad.
7.           La talla no rompía la armonía arquitectónica ni desmerece del conjunto.
8.           La talla de la Piedad tiene la suficiente categoría para estar en el Monumento, pues se trata de “una obra estupenda, que llama la atención de cuantos la contemplan y que ha merecido estudios elogiosos de eruditos” en prensa y revistas. Fruto de ello, el marqués de Lozoya visitó el grupo escultórico “quedando prendado de su belleza y delicada talla. Al indicarle las personas acompañantes la finalidad, se extrañaba de que obra de tal categoría no estuviera colocada en el lugar en el que, a su juicio, era el indicado: el Monumento de Navarra a sus Muertos en la Cruzada”.

Sin embargo, en contra de la Hermandad estaba lo siguiente, que ella reconocía en su anterior argumentación:

1.            La Hermandad desistió el proyecto de la Piedad cuando al solicitar un donativo a la diputación, don Amadeo Marco Ilincheta les dijo verbalmente: “Si me garantizan Vds. que esta “Piedad” no estará en el Monumento, les garantizo que la Diputación pagará su importe”. 
2.           Cuando más adelante, encargó la Piedad con ayuda económica del 25% de la Diputación, reconoció que fue “sin (por ello) autorizar (ésta) su colocación en el Monumento”.
3.           Más todavía: aunque al bendecirse la Piedad, la Hermandad tenía “una versión verbal de la prohibición de colocarla en el Monumento, se pensó llevarse (la bendición) a cabo en el mismo, pero surgió la clausula 2ª de la Escritura de cesión en la que se establece que en el interior” de la basílica sólo podía estar la imagen del Santo Cristo del altar mayor.

Finalmente, la Diputación ratificó su negativa en la sesión del 2-XI-1970, en atención a la cláusula 2ª del documento notarial de donación del monumento de la Diputación al Arzobispado fechado el 22-VI-1963, que culminaba los acuerdos del 15-X-1947, 2-III y 6-IV-1957, 23-IX-1960 y 1-II-1963. La Hermandad se resignó ante esta ratificación, pero mantuvo su discrepancia y extrañeza.
Desde 1967 hasta hoy la talla de la Piedad, que es de la Hermandad, se exhibe en la parroquia de Cristo Rey para la devoción popular. Ojalá los parroquianos de Cristo Rey sepan para qué se encargó dicha talla; que no se les oculte su mensaje por dejadez y pereza, y menos por complejos que tanto ofenden a los muertos en Cruzada, a la verdad, a la libertad de los católicos y a la de los ciudadanos.


7.El encargo y el artista

E
L PROYECTO de la talla de la Piedad parecía un sueño casi irrealizable. Las dificultades se fueron escalonando año tras año.
Antes de elegir a López Furió como imaginero de la Piedad, la Hermandad trató con Juan Bautista Adsusara en dos ocasiones a través de Yárnoz que vivía en Madrid.
Como el caballero Zubiaur mantenía constantes relaciones con Yárnoz, se llegó entonces a pensar seriamente la adquisición de una talla de la Piedad. Fue en 1953 cuando el prior encargó a Yárnoz que hablase con el laureado escultor don Juan Bautista Adsuara Ramos, de Madrid, que con tantísimo acierto había realizado el Santo Cristo que presidía el altar mayor de la basílica de la Santa Cruz del monumento. Adsuara ofreció un presupuesto de unas 170.000 pesetas en su carta del 20-XI-1953. Para ello, en noviembre de ese año la Hermandad solicitó una ayuda económica a la Diputación, obteniendo el silencio administrativo como respuesta, lo que hizo desistir a la Hermandad por el momento.
En varias ocasiones la Hermandad activó el proyecto de la Piedad, vinculándose a que ésta pudiese emplazarse en el monumento. Como la Diputación no admitió esto último y además decía estar  ocupada en el traslado de los restos mortales a la Cripta para 1961, una y otra vez la Hermandad desistió seguir el tema de la talla. Realizó sucesivamente sus intentos el 20-XI-1953, el 22-IV-1959, en abril de 1961 y, al fin, en julio de 1964.
En éste último mes y año, la Diputación acordó un donativo de 50.000 pesetas y el Ayuntamiento de Pamplona de 25.000 ptas. Con estos y otros fondos, la Hermandad siguió desarrollando el tema. En 1964 el escultor Víctor de los Ríos, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla, ofreció sus servicios a la Hermandad para el “Paso de La Piedad”, enviando para ello muestras de su trabajo escultórico (Carta, 26-X-1964).
Cartel publicitario del boceto de Juan Adsuara
para la Piedad de la Hermandad de CVC. 
Archivo de la HCVC
De nuevo se encargó a Yárnoz que hablase con el escultor Adsuara proponiéndole aceptar el tallar la obra. El 25-X-1964 la Hermandad publicitó el boceto de la Piedad, obra del escultor Juan Bautista Adsuara Ramos encargada por la Hermandad (“El Pensamiento Navarro”, domingo 25-X y domingo 1 y jueves 5-XI-1964). “La Gaceta del Norte” señala: “Este es uno de los proyectos que ha presentado el escultor señor Arsuaga (sic.), basado en “La Piedad” tradicional de Miguel Ángel. La nueva talla, en sus líneas esenciales, será esta misma. Y, sufragada por navarra entera, será un homenaje a la madre navarra” (LGN 24-XI-1964). Dicho boceto o maqueta no fue expuesto en Pamplona, sino fotografiado en el estudio del autor, difundiéndose dicha imagen. El prior pudo contemplar el boceto original en su visita al autor que luego narraremos.
Después de un intenso cruce de cartas con Yárnoz y otras personas, la obra se encargó finalmente a Juan Bautista Adsuara Ramos el 2-XII-1964, que el escultor aceptó el 18 de diciembre:

“(…) como homenaje á las viudas y madres de los navarros caídos en nuestra Cruzada de Liberación”. Y añade: “Me honra mucho mi designacion para este encargo y á tono con el sentido heróico y profundamente humano del tema, procuraré aportar todo mi entusiasmo y mejor deseo para que la obra sea digna de honrroso (sic.) encargo que me hacen.
Ahora solo les pido tiempo para estudiar y llevar al mayor grado de madurez la ejecución de la obra” (Carta de Adsuara al prior, Madrid, 18-XII-1964).

La Hermandad estaba algo inquieta por el resultado del encargo, aunque ante el éxito del Santo Cristo de Adsuara confiaba básicamente en el buen resultado del proyecto. Por eso, casi un mes después y concretamente el 13-I-1965, el prior le escribió los motivos de su inquietud, ya que la hermandad de la Pasión tenía experiencia de dos encargos a afamados artistas que fueron un fracaso. Dice así:

“Hace algunos años la Hermandad de la Pasión de esta ciudad encargó al señor Benlliure (q.e.p.d.) una talla procesional del ECCE HOMO y a otro artista, creo que académico, cuyo nombre no recuerdo en este momento, otro de los azotes. Cuando las obras de ambos artistas se presentaron en la Semana Santa pamplonesa, todos sufrimos una gran decepción. Aquellas obras no decían nada, no expresaban nada, y la desilusión hizo mella en todos. Como se recuerda este fracaso, las gentes temen pudiera ocurrir algo semejante ahora, aunque nosotros, basados en su obra del Santo Cristo que preside el Altar mayor del Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada esperamos su triunfo en esta obra. Por eso todos nos inclinamos por la forma clásica y de nuestra inquietud han salido las consideraciones que adjuntamos como aportación de nuestro granito de arena” (Carta del prior a Juan Adsuara, 13-I-1965).
Carta de José Yárnoz Larrosa al prior de la HCVC, 24-XI-1964.
Fuente: Archivo HCVC
Las consideraciones de la Hermandad al artista, sin ánimo de coartad su libertad creativa, se basaban en recordarle la finalidad de la obra como homenaje a la mujer navarra, la necesaria fidelidad histórica propia de la sicología del pueblo navarro, el carácter procesional de la imagen, y su desarrollo en dos figuras. Estas serían en madera policromada, y con un desarrollo mínimo de dos metros. Así mismo se le enviaba la fotografía remitida por el artista, y que gustó al arzobispo, la Diputación y el Ayuntamiento, en vista de la cual habían subvencionado parte de la obra.
En su carta, el artista hizo una nueva aceptación final del encargo:
 “El encargo de “La Piedad” con que Vds. me honrran (sic.) constituye el impacto más profundo y hemotivo (sic.) que puede producirse en la sensibilidad de un artista por esa coordinación que se plantea en la obra entre lo Divino y lo profundamente humano de este caso, como homenaje (sic.)  á las madres y viudas de los caídos” (Carta de Adsuara al prior, Madrid 20-I-1965).
"La Gaceta del Norte" (Pamplona)

24-XI-1964 .

"Este es uno de los proyectos que ha presentado el escultor
señor Arsuaga, basado en "La Piedad"
 tradicional de Miguel Ángel. La nueva talla, 
en sus líneas esenciales, será esta misma. 
Y, sufragada por Navarra entera, 
será un homenaje a la madre navarra".
Medio millón en total. 

Pasaron los meses, y al no tener noticias de Adsuara, el prior visitó al artista el 13-XI-1965. Lo hizo llegando a las once de la mañana a su estudio de la calle Bustillo nº 3 de Madrid. La entrevista fue sobre las doce del mediodía y duró una hora y media. Ahí el prior supo de nuevo que el artista “tenía sumo interés en realizar la obra porque era muy importante para él artísticamente”, pero que sólo había realizado la maqueta que exhibía in situ a falta de detalles. El motivo era de falta de salud, debido a dos operaciones que el artista había sufrido, una de próstata y otra de cataratas en un ojo. Ya ello había dado cuenta al prior más de un mes atrás en su carta del 4-X-1965. Estaba pendiente de una operación similar en el otro ojo.  Vista la imagen,

“Esta no satisfizo al Caballero Prior, pues la figura de la Virgen, denotaba un dolor humano pronunciadísimo, y eso, no estaba acorde con las ideas propuestas por la Hermandad a D. Juan Adsuara en su día. Por otra parte en la prolongada conversación habida sobre el particular, el artista recalcaba una y otra vez el humanismo que debia presidir la escultura, sin entrar en que se deseaba que la figura denotara dolor, sí, pero también resignación sublime” (Acta de la Hermandad el 18-XI-1965). En otro documento (“Talla de la Piedad. Memoria-resumen de su realización” s.f., 9 fols.) se indica que “la Hermandad (…) proponía la idea de compaginar el dolor humano con la más abnegada resignación y que, en consecuencia, la imagen de la virgen no debía denotar sólo dolor, sino dolor y resignación más que humana. En esta idea el Caballero Prior insistió una y otra vez, mientras el escultor se aferraba a su humanismo, plasmado en la imagen concebida en la maqueta que exhibía. La deducción, vista la maqueta a la que faltaba algún detalle secundario, fue que la concepción del artista no se compaginaba con los deseos de la Hermandad y, consecuentemente, la obra, si se realizaba, no iba a gustar”.

Respecto al plazo de la entrega, el artista iba a prolongar el primer plazo acordado, pues necesitaría todo el año 1966, ascendiendo además el precio total como mínimo a unas 300.000 pesetas. De las 191.000 pesetas recaudadas hasta entonces, había 50.000 que estaban condicionadas y además de 265 Ayuntamientos sólo habían respondido 115, “y, la mayoría, débilmente”, según comunicaba el prior a Yárnoz el 20-XI-1965.
Lógicamente esto paralizó el proyecto en la mente del prior, pues no satisfacía ni la maqueta, ni las ideas de Adsuara, pensando devolver todo el dinero recibido de diferentes entidades, y cancelando así definitivamente el asunto. No quería que la Hermandad se hipotecase para siempre ya que la recaudación efectuada sólo llegaba a las 192.000 pesetas. Antes de rescindir el contrato, el Prior llevó la situación al Capítulo Supremo de la Hermandad. El Prior no fue con las manos vacías, sino que informó que D. Cipriano Lezaun, beneficiado de la catedral, le alentó continuar con  la idea de la escultura, sugiriéndole otro artista, don José López Furió.
Este último residía en Pamplona, era un artista notable -otras veces se dice que magnífico-, trabajaba mucho, era original, tenía unción religiosa y económicamente resultaría accesible. En el Capítulo el pater don Juan Ollo, vicario general de la Diócesis, fue partidario de anular el contrato con Adsuara, pero también realizar gestiones con el escultor valenciano afincado en Pamplona José López Furió, “un artista bueno, religioso, que trabajaba mucho”. Con ello, el 20 de noviembre se agradeció a Yarnoz Larrosa sus gestiones, y el 21-XI-1965 se rescindió el contrato con Adsuara, quien lamentó la decisión de la Hermandad, pues: “tenia puesta mi gran ilusión en la realización de esta obra que consideraba como tema fundamental y preferido de mi labor escultórica” (Carta de Adsuara al prior el 14-XII-1965).
A continuación se iniciaron conversaciones directas con López Furió que vivía en Pamplona, que llegaron a buen término. En ese momento era profesor de una escuela de Inválidos y tenía el taller en las casas de San Alberto Magno en el barrio de San Juan. La primera conversación fue en el domicilio del artista en la calle Conde de Oliveto 1-3º drcha., en presencia de don Cipriano Lezáun. El artista se entusiasmó con la idea, pero pidió el tiempo de un año, “pues el encargo era importante”.
Carta de José López Furió a la HCVC. 1-IV-1966

Fuente: Archivo HCVC
Tuve el gusto de conocer a don José como colega en el colegio de Fomento El Redín. Había estudiado Bellas Artes y era profesor de dibujo técnico. Me maravilló siempre su sencillez y humildad; sólo pude descubrir su obra una vez fallecido, aunque alguna vez me comentó que había tallado la Piedad de Cristo Rey, la dureza de su madera, así como otras imágenes.
Pasados once meses el artista entregó la maqueta, que había seguido la idea de “que tenga una inspiración en la de Miguel Angel, sin que nos atemos a una copia de ella. Esto es, interpretar el grupo de Miguel Angel. Tengamos en cuenta que todo lo que sea una reproducción pierde mérito y valor artístico” (Carta de López Furió al prior, 1-IV-1966). En realidad, según la entrevista que J.L. Larrión (de “El Pensamiento Navarro”, martes 29-XI-1966) realizó al autor, el corte de la obra era modernista, pero conservando lo clásico, porque irá emplazada en un lugar también clásico como -decía- el Monumento a los Muertos.
"El Pensamiento Navarro", martes 29-XI-1966

Fuente: Archivo HCVC
El boceto, trabajo en barro pero con la cruz de madera, se expuso en los locales de la Hermandad a las ocho de la noche del día 28-XI-1966. La obra medía dos metros pero las figuras eran mayores al estar achicadas por la postura. De posicionarse de pie serían de cerca de 3 metros, y la cruz de 4 metros y medio. Según el autor fue algo complicado no caer en la repetición porque había mucho realizado. Así mismo, afirmó que había llevado a cabo el trabajo más grueso, como es preparar el boceto, y que en adelante todo era más sencillo, pensando entregar el grupo escultórico en Semana Santa. (“El Pensamiento Navarro”, martes 29-XI-1966).
Para ver la maqueta asistieron seis personas: el prior, el cronista Vicente Arrastia y un hijo suyo, estudiante universitario, los caballeros Eugenio Arraiza Vilella (arquitecto), Miguel Mª Troncoso (concejal de Pamplona, de la comisión de Hacienda y director de hacienda de Diputación), y Plácido Izco (concejal), sin que pudiesen asistir José Ángel Zubiaur, Erice Erro, Martínez Úbeda y otros caballeros capitulares convocados.
El prior Echarri Loidi reconoció que fue a ver la imagen con serias dudas. Lo expresa así: “El Caballero Prior iba prevenido y pesimista, pensando en que quizá, el artista no tendría la suficiente talla para dar cima a una obra de esta envergadura, presagiando un fracaso. Lo confiesa por delante”. Pero se equivocó como suele decirse de medio en medio, pues,

“Al presentarle el Sr. López Furió la maqueta, todos los prejuicios cayeron por tierra, ante la grata realidad de una concepción original con dos figuras expresivas, la Virgen con cara de dolor, pero al mismo tiempo con resignación y en una postura que denotaba un delicado cariño maternal. Ni que decir tiene que la maqueta gustó a todos, aunque en algún detalle se discutiera un poco, dando lugar a explicaciones artísticas del porqué, que satisficieron plenamente” (“Talla de la Piedad. Memoria-resumen de su realización” s.f., 9 fols., fol. 6).

Una vez con el visto bueno de la Hermandad, la maqueta se exhibió durante las Navidades en un establecimiento de Calzado de la Plaza de Mola y Avenida Carlos III. Entonces se encargó la obra al artista que prometió terminarla para Semana Santa de 1967. Sin embargo, debido a que la madera era muy dura con el objeto de que la terminación no fuese áspera, el trabajo se prolongó hasta primeros de julio de dicho año, que es cuando el día 5 se expuso al público. La ilusión del artista hizo que terminase su obra maestra siendo así “que hasta que firmó esta obra a su terminación, no había firmado otra alguna”.
La exposición de la entrega de la talla definitiva fue en los locales de la sociedad Ximenez y Compañía S.A. de la Avenida Carlos III nº 9 a las ocho de la tarde del miércoles 5 de julio de 1967. (“El Pensamiento Navarro”, jueves, 6-VII-1967).
Al acto de entrega acudieron el Capítulo Supremo de la Hermandad, el Vicario General de la diócesis don Juan Ollo, el teniente alcalde José Gabriel Sarasa, el vocal de la Junta Regional Carlista Luis Martínez Erro, el Jefe Provincial del Cuerpo de Mutilados el teniente coronel Tihista, y muchos miembros de la Hermandad, la prensa y radio y varios sacerdotes como el vicario general y pater de la Hermandad, Cipriano Lezáun, Agustín Arbeloa y otros, así como los empleados de la casa. Al final se obsequió a los presentes con un lunch cuyo coste fue de 1.435 pesetas. Se hizo eco de la entrega “El Pensamiento Navarro”, jueves, 6-VII-1967.
Tras ello, la Hermandad convocó a la bendición a través de dicha prensa el martes 18 de julio. La imagen se bendijo el Sr. Arzobispo Don Enrique Delgado Gómez en la parroquia de Cristo Rey el 19-VII- 1967. La prensa se hizo un amplio eco del acto. La Hermandad invitó a todas las autoridades religiosas, civiles y militares.
En primer lugar, el pater Juan Ollo -Vicario general de la diócesis- y dos sacerdotes oficiaron la Santa Misa en el monumento a las ocho y media de la noche, seguida de un responso. Asistieron la Diputación con el vicepresidente Félix Huarte y el diputado Amadeo Marco, también López Arteche, los tenientes alcalde de Pamplona José Gabriel Sarasa, Silvestre Saralegui, y Mariano Zufía, y los concejales Jesús Ezquieta, Alfredo Murillo, y el secretario municipal Fernando Ozcoidi, el ex director de “El Pensamiento Navarro”  Fco. López Sanz, el delegado de Información y Turismo Fco. Javier Ortiz de Felipe, etc. La asistencia fue mayor que años anteriores. A continuación se fue en procesión desde el monumento hasta la parroquia de Cristo Rey. (“El Pensamiento Navarro”, martes 18, 19, jueves, 20-VII-1967; y el día 20 de julio en “La Gaceta del Norte”, “Diario de Navarra” y “Arriba España”).
Lo que no relata pero sí recoge la Memoria del prior de la Hermandad es lo siguiente:

“Terminada la bendición y lectura del homenaje (nota: el prior de la Hermandad a la mujer navarra), el Sr. Arzobispo invitó a las Autoridades y Diputación a contemplar el grupo escultórico de la PIEDAD, entreteniéndose un buen rato en su contemplación y escuchando las explicaciones dada por el Pater D. Juan Ollo, Vicario general. Al retirarse, el vicepresidente de la Excma. Diputación, Excmo. Sr. D. Felix Huarte felicitó a la Hermandad, diciendo: “Les felicito por el acierto que han tenido. Me gusta más que la de Cuelgamuros, aquella es mayor, pero esta me gusta más”. Por su parte el Sr. Gobernador Civil, al felicitar a la Hermandad nos dijo: Es una cosa muy lograda, les felicito.
Cuando el capitular Alberto Más preguntó a D. Amadeo marco por la impresión que les había producido, contesto: Está bien, está bien” (“Talla de la Piedad. Memoria-resumen de su realización” por el prior José Mª Echarri Loidi, 9 fols, fol. 9).

Recordemos la relativa confrontación entre Huarte y Marco, según explica Javier Paredes en su biografía sobre el primero, y que Marco fue un diputado se mantenía que en el monumento sólo hubiese la imagen del Santo Cristo de Adsuara. La respuesta de Marco fue mucho más breve que la de Huarte, buscada por el sr. Mas, y tan lacónica como su estilo navarro. La Memoria del prior continúa así:

“Los elogios por la belleza de la ejecución y expresión conseguidas por el artista fueron unánimes, así como las críticas de la concurrencia a la Excma. Diputación por no autorizar su estancia en el Monumento, pues no comprendían, no comprendemos, que una talla lograda, dedicada como homenaje a las madres y esposas de los muertos navarros en la Cruzada, subvencionada por élla, no pueda estar colocada en el mismo Monumento donde reposan los restos que representan a todos los héroes que dieron sus vidas por Dios y por España, hijos de esta tierra. ¿Por qué?
Por ahora no cejamos en el empeño. Hemos querido dejar que vieran la obra realizada y, despues, movilizaremos a las personas que puedan influir con los señores Diputados para tratar de conseguir que se modifique dicha famosa cláusula 2ª, autorizando la colocación de la talla de la Piedad en el Monumento, en el lugar señalado por los arquitectos de la monumental obra” (“Talla de la Piedad. Memoria-resumen de su realización” por el prior José Mª Echarri Loidi, 9 fols, fol. 9)

La memoria de los años 1963 a 1968 recoge la satisfacción que produjo la talla en todos:

“(…) como si desearan que  la talla se realizase en Navarra, presentándosenos una sugerencia a favor de un artista casi desconocido, valenciano él, afincado en Pamplona, D. José López Furió, que con inspiración y talento artísticos, hizo una obra artística y de una gran fuerza espresiva que atrae y llama la atención de cuantos la contemplan, digna del fin a que la Hermandad la ha destinado: Que sea homenaje perenne a las madres y esposas de los muertos navarros en la Cruzada por su heroismo y abnegación. Esta bellísima talla se venera hoy en la inmediata parroquia de Cristo Rey, pero de precario, esperando que algún día se coloque definitivamente en este Monumento” (Memoria de 1963 a 1968, 10-XI-1968, firma el cronista, 13 fols.)

La perseverancia navarra se ponía una vez de manifiesto. Así fue en el encargo de la talla, y luegoa sería en su definitiva ubicación. A pesar de eso, la escultura se encuentra hoy donde se colocó para su bendición. Repitamos que ojalá se comunique a los feligreses de Cristo Rey para qué la Hermandad dispuso la talla de este grupo escultórico de primera categoría.
Imagen del prior José Maria Echarri Loidi, leyendo la ofrenda al Apóstol Santiago ante su altar entre el 29 de octubre y 1º de noviembre con motivo del año jubilar de 1965. 
8.El coste

E
L COSTE de la escultura fue muy elevado. Los conceptos eran varios. En primer lugar, se trataba de una talla de madera policromada gran tamaño, que al final contemplamos sin policromía. Su tamaño sería de 2 metros para ocupar con holgura la capilla del monumento y porque se trataba de un conjunto  procesional. Segundo, el coste se elevaba con el altar donde podría recibir culto, y, en tercer lugar, con las andas para procesionarla por las calles de Pamplona.
El coste del primer proyecto de 1953 se preveía que era el siguiente. El conjunto procesional de Adsuara ascendía a un presupuesto mínimo de 170.000 pesetas que con imprevistos alcanzarían las 200.000 ptas. Esta cantidad aumentaría en 100.000 pesetas de incluir las andas para el desfile procesional en la procesión del silencio del Santo Entierro el día de Viernes Santo.
Carta de Juan Adsuara con el presupuesto de 1953. Fuente: Archivo HCVC
En 1964 el gasto de la talla suponía 200.000 pesetas más  un total de 300. 000 para las andas, bordado en oro de escudos y alegorías en el palio que cubriera la parte superior de las andas etc. Frente a ello sólo se recogieron 197.000 pesetas, más las 20.000 pesetas que la Hermandad aportó en apertura de las cuentas corrientes, timbres, correspondencia, propaganda, sobres etc.
Para cubrir estas elevadas cantidades del importe era necesario recurrir a la Diputación Foral, a los ayuntamientos, la banca, el comercio, la industria y el pueblo navarro en general, así como a personalidades del resto de España “pues la sangre vertida por los navarros regó todos los campos de España”. Para ello, en 1964 se insertó un anuncio publicado en la radio, y la prensa titulado “Homenaje a las madres y esposas de los muertos navarros en la Cruzada. Grupo escultórico de la Piedad”, y se repartió una carta circular al domicilio de todos los vecinos de Navarra que figuraban en la lista telefónica, con el título “Navarros todos”, con el objeto de encargar a Juan Adsuara el grupo escultórico de la Piedad. (“El Pensamiento Navarro”, domingo 25-X y domingo 1 y jueves 5-XI-1964).
De esta manera, se solicitó una ayuda económica a la Diputación (Carta de la Hermandad a la Diputación, 20-VII-1964), que como hemos dicho donó 50.000 pesetas, abonadas una vez que se entregase la obra a la Hermandad que realizaba el encargo (Acuerdo de Diputación del 31-VII-1964, comunicado el 6-VIII). En dicho acuerdo se advertía que en el monumento no podía colocarse escultura alguna de cualquier naturaleza, salvo el Santo Cristo que presidía el templo.
Los donativos se ingresaron en una Cuenta corriente de la Hermandad abierta en la Caja de Ahorros bajo el título “Talla de la Piedad”. Tras la Circular a los “Navarros Todos” se amplió la vía de ingresos: giro postal (Avda. Carlos III, 18, 1º izda.), Cuentas Corrientes de la Caja de Ahorros de Navarra, Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, Crédito Navarro, La Vasconia, Banco de Bilbao, Banco Hispano Americano o las Sucursales de dichas entidades bancarias.  
A la petición de donativos hubo dos reacciones de excepción mediante correo. En diciembre de 1964 tuvo lugar el atentado contra el monumento mediante dos petardos en las dos inscripciones de la fachada y varias pintadas.
El homenaje era diferente a un  respetuoso silencio y a una oración asociada, pues aquel era a la mujer navarra madre y esposa de los combatientes en el Frente, toda vez que sobre ellas “se asienta en gran parte, la paz de que venimos disfrutando en estos veinticinco años y prosperidad consiguiente”.
Esta es la circular que la HCVC envió a los navarros de la lista

de teléfonos. Fuente: Archivo HCVC
En el diario “El Pensamiento Navarro” se publicó todas las aportaciones privadas y de ayuntamientos entre el 14-XI-1964 y el 13-IV-1965, y un día más. Este hacer públicas las aportaciones  era una medida de control de las cantidades, y un estimulo social para hacer donativos. Hemos dicho que la Hermandad puso de sus propios fondos la elevada suma de 20.000 pesetas en la difusión del proyecto. Para el 20-X-1964 ya habían aportado los ayuntamientos de Pamplona, Estella, Cascante, Cáseda, Olite, Mañeru, Cizur etc. El de Pamplona aportó 25.000 pesetas en el Pleno del 14-IX-1964, comunicado a la Hermandad el día 17.
La Hermandad hizo propaganda en los Círculos Carlistas para informar y recabar fondos, para lo cual solicitó permiso al jefe de la Comunión Tradicionalista Carlista, Fco. Javier Astrain, que se lo concedió gustoso en su carta del 12-XII-1964 para “erigir una escultura que patentice la heroicidad de las madres y esposas de nuestros muertos en la Cruzada”.
Una vez recogidas las limosnas anteriores, se abandonó el proyecto de Adsuara porque al final, tras la visita del prior al estudio del artista el 13-XI-1965, el precio total de la imagen iba a ser como mínimo de unas 300.000 pesetas, a lo que se debían añadir los gastos de las andas etc.
El segundo proyecto, que sí se llevó a cabo, fue más económico. Así, López Furió cobró un total de 180.000 pesetas entregadas en varios plazos en 1967: 50.000 el 10 de mayo, 40.000 el 21 de junio, 50.000 el 5 de septiembre y 40.000 por la entrega de la obra,  el 23 de octubre. A ello se le sumaban 5.630 pesetas por una peana soporte con ruedas giratorias encargadas a Patricio Díez y Ángel Izco.

Cuenta final:
Recaudado 191.679’ 29
Total de gastos 185.630
Remanente: 6.049’ 29
(Fuente: “Talla de la Piedad. Lista de donantes” 11+ 9 pp.)

Los gastos extraordinarios de la Hermandad con motivo de traslado de la talla de La Piedad a la parroquia de Cristo Rey, fueron de 34.354, 35 pesetas. En esta suma los importes más elevados fueron el donativo de la Hermandad, la impresión, ensobrado y envío  de 13.000 circulares y carteles de propaganda con fotos de una Piedad, la mecanografía de 265 solicitudes enviadas a los Ayuntamientos, traslado de la escultura etc. (Estado de cuentas y resumen del movimiento de fondos del 10-XI-1963 al 10-XI-1968). El coste de una plataforma provisional para la talla, con la tela, luces y traslado de ida y vuelta desde la parroquia de Cristo Rey a la Catedral, ascendió a 8.375, 45 pesetas (Estado de cuentas del 17-XI-1968 al 14-XII-1969).
La talla de madera de la Piedad, considerada como inventario, ascendía a 250.000 pesetas según el Acta del Capítulo del 14-XII-1969.

José Fermín Garralda Arizcun
Dr. en Historia
8-XII-2016


Notas:
(1) César Alcalá, Persecución en la retaguardia Cataluña 1936-1939, Madrid, Actas, 2001).
(2) GARRALDA ARIZCUN José Fermín, “El sentido de la guerra de España de 1936. Laín Entralgo, revueltas anticomunistas, y testimonios de la “cruzados”, en “Tradición Viva”, Madrid, (I Semestre 2012, nº 1) 58 pp., pág. 10-33

Fuentes:
Impresas:
BALEZTENA ABARRATEGUI, Javier, “Monumento a los muertos de Navarra en la Cruzada Nacional” 57 fols. inédito. Este autor, aun sin relaliar una relación de fuentes, utiliza la documentación del Archivo General de Navarra, mientras que nosotros hemos utilizado las fuentes del archivo de la Hermandad. Asimismo, Baleztena se centra en el monumento y la inhumación de los restos mortales en su Cripta, y nosotros hemos incluido todo ello pero a su vez hemos extendido en la Piedad y el Santo cristo de Adsuara.
DE LA MEZCLA, Luis (seud.), “El grupo escultórico de ‘La Piedad’ laudable idea de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz”, Rev. “Montejurra” (Año III) nº 36 (abril 1968) pág. 6 y 7.
LEZÁUN, Cipriano, “La Pasión del Señor en la gubia de López Furió”, Pamplona, Rev. “Pregón”, nº 95 (Año XXV), Semana Santa 1968. Aparece la imagen de la Piedad con un  comentario. 
FORNER DE ASENSI, Emilio, “El Cristo de Adsuara”, Pamplona, Rev. “Pregón” nº 41 (otoño 1956).

Manuscritas:
Archivo de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz.
Se respeta lña grafía original de los documentos

Sobre la talla de la Piedad:
“Talla de la Piedad. Lista de donantes” 18 fols.
“Correspondencia. Talla de la Piedad” (1953-1966)
“Talla de la Piedad. Memoria-resumen de su realización” 9 fols.
 “Grupo escultórico de la Piedad. Traslado restos Sanjurjo, Mola y voluntarios. Medalla a madres y esposas. Acuerdos concediendo ayudas. Escritos a entidades y particulares etc.” 1953-1967, 37 fols.
“Escritos de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. Dirigidos a la Excma. Diputación Foral de Navarra, solicitando autorice la consagración solemne del Monumento de Navarra a sus Muertos en la Cruzada o solamente el altar mayor y la bendición en el mismo de la talla de la Piedad y posterior escrito al Excmo. y Rvdo. Arzobispo de Pamplona, Acuerdos de contestación etc” 16 fols. + 2 fotos.
“Solicitud elevada a la Excma. Diputación Foral de Navarra, solicitando autorice la instalación de la talla “La Piedad” en el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada. 14 de septiembre, festividad de la exaltación de la Santa Cruz” (17-IX-1970), 4 fol.
“Talla de la Piedad. Recortes de prensa”, 10 fols.
“Año de 1970. Carta al Excmo. Sr. D., Félix Huarte Goñi. Vice-Presidente de la Excma. Diputación Foral de Navarra remitida en forma particular a su domicilio” (3-V-1970), 7 fol.

Sobre la Sede de la Hermandad:
“Escrito leído en el Capítulo celebrado por la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. En el Monasterio de Irache, como despedida de su Sede provisional trasladada desde el mismo al Monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada en Pamplona” (en la misma sala en que se erigió la Hermandad el 26-XII-1939, el 17-IX-1961) 6 fols.

Sobre la celebración del aniversario:
“Moción proponiendo la Conmemoración solemne del XXV Aniversario del Alzamiento de Navarra en Armas el 19 de julio de 1936 en la Plaza del Castillo” s.f. (1961), 8 fols.
 “Medallas” y correcciones de placas” 1962-64

Memoriales:
“Expediente promovido por la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz sobre el estado de abandono en que se encuentra por parte de Navarra el Monumento de Navarra a sus  Muertos en la Cruzada. 20 de septiembre de 1966”, 23 fols.
Actas:
“Crónica de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. Correspondiente a las actividades desarrolladas durante los años de Gracia de 1959 (Marzo)  al 10 de noviembre de 1963”, 18 fols.
“Crónica de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz. Correspondiente a las actividades desarrolladas durante los años de gracia, noviembre de 1963 a noviembre de 1968” 16 fols.
“Crónica del Capítulo General celebrado el 14 de diciembre de 1969 en el monumento de Navarra a sus muertos en la Cruzada” 5 fols.

Cuentas:
Balances y estados de cuentas del 15-III-1959; del 15-III-1959 al 10-XI-1963; del 10-XI-1963 al 10-XI-1968; del 11-XI-1968 al 14-XII-1969

Aparato gráfico
Prensa

José Fermín Garralda Arizcun
Dr. en Historia
8-XII-2016


L a u s    D e o

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