domingo, 30 de octubre de 2016

No se olvide al voluntario y a la gran parte de Navarra a su lado

DESDE EL TESTIMONIO VIVIDO...

EN RECUERDO DEL VOLUNTARIO Y 
LAS FAMILIAS DE VOLUNTARIOS
El Monumento de Navarra fue a los muertos en la Cruzada. Porque para ellos fue así -y con razón-.
La Laureada fue al heroísmo del pueblo navarro en general.

Focalicemos la historia de las familias navarras desde el voluntario tradicionalista. 
En la Historia de la Cruzada, dice José Mª Iribarren:

“En toda la historia de la Comunión Tradicionalista, ni aún en las órdenes de levantamiento en las anteriores guerras carlistas, se cumplió con tanto entusiasmo, ni dio tan gran número de voluntarios; las mismas autoridades carlistas se vieron sorprendidas y preocupadas por tal muchedumbre, que creaba problemas no previstos.
Para las seis de la mañana hora de la declaración del estado de guerra pasaban de 1.000. ¿Cuántos por la tarde? ¿Cuántos en los días siguientes? HUBO QUE DAR ORDEN POR LA RADIO DE QUE NADIE SE MOVIESE DE LOS PUEBLOS, HASTA QUE NO SE LES COMUNICARA, PUES VENÍAN NO LOS PREVISTOS, Y ORGANIZADOS, SINO GENERACIONES, FAMILIAS, Y HASTA PUEBLOS ENTEROS.

En todos los pueblos de la provincia se da a la misma hora el mismo espectáculo. Se ha predicado la Cruzada como en los tiempos de San Bernardo, y se asiste a las mismas escenas de fervor y sacrificios que en los siglos remotos del milenio.
En las ciudades y villas importantes del viejo Reino, el Círculo (local carlista) ocupa una casa señera en la plaza de arcos. En las aldeas pobres es una casa campesina más. En todos esos Círculos, el retrato en cromotipia de un Carlos VII varonil. En algunos hay también un Don Jaime joven, con uniforme de oficial de Cosacos, y un Don Juan Vázquez de Mella. Todos esos Círculos son centros activos de movilización, y realizan el Alzamiento en masa. En la parroquia de Murieta, de 420 habitantes, de los once hijos varones del matrimonio Mansóa Andía, ocho salen voluntarios al oír en ese amanecer del 19 la orden de marcha. Don Carlos Carrillo, Farmacéutico de Muniain de la Solana sale a la guerra acompañado de sus seis hijos, y de Pamplona de la familia del comerciante Señor Aznárez salen otros seis (y así de otras muchas, hasta una que salen marido, mujer y los dos únicos hijos de 16 y 17 años, ella de enfermera, él con el Tercio de María de las Nieves, y los hijos con el Tercio del Rey y cerraron la casa).

En Peralta el matrimonio Asín-Fernández tiene también seis hijos varones, el mayor de 34 años, y el más joven de 24, y los seis con el padre septuagenario vigoroso, marcha a filas movidos por el mismo Ideal; -al padre llaman los mozos “el abuelo de Peralta” viéndole con sus setenta y pico de años cargar con el fusil-. Dos  hermanos, Julio y Raimundo, del pueblo de Larraga, anuncian a sus padres su propósito de marchar a la guerra. La madre les pide que aguarden hasta que se acabe la siega, y uno de ellos responde: Madre; siegas habrá muchas, España no hay más que una. Hay pueblos –como Artajona- cuyo censo varonil se vuelca íntegro para combatir. Anselmo Irigaray artesano de Pamplona, acompaña al cuartel a sus dos hijos, y quiere alistarse con ellos. Pero se le rechaza por la edad, y a la hora de comer se sienta entristecido a la mesa con su mujer y su hija Margarita. Por primera vez faltan los dos muchachos. La hermana llora. No llores tonta –dice la madre- han ido a cumplir como carlistas. ¿Si no lloro porqué se han ido? ¡Es porque no me dejan ir a mí!.
Manuel Soróa de ochenta y siete años, que sirvió en la guerra anterior de gastador en el tercer Batallón de Navarra, sale de Huici con su hijo y su nieto para incorporarse. El núcleo de Lumbier lleva como jefes, a los concejales y al juez municipal. En todas las bordas de pastores, en todas las casas blasonadas cuyos moradores labran sus tierra; en todas las pequeñas tiendas y talleres; en los caseríos de los boyeros; en las chozas de los leñadores; desde Vera, hasta la feraz llanada del Ebro; desde Estella, que empalma la tradición de los antiguos reyes con la novelesca Corte del último don Carlos, hasta el Baztán y la sierra de Urbasa y la invencible Amézcoa, sepulcro hade un siglo de ejércitos cristinos; en todos los rincones, en toda la extensión de Navarra, se presenciaba el mismo espectáculo, a las mismas horas de este día celebre. Ningún pueblo se ha levantado hasta ahora nunca con un impulso tan unánime.
La boina resume y compendia todas las luchas de Navarra por la Legitimidad. La boina del abuelo es una reliquia en cada hogar de Navarra carlista. Se guarda en los armarios y sólo sale en ocasiones solemnes de su arca; cuando la Junta Carlista de la Merindad convoca a los leales en los aniversarios en que se visitan los viejos campos de batalla, o cuando los grandes tribunos de la Causa hacen acto de presencia en Pamplona o en Estella.
Esa riada humana inunda Pamplona casi desde las primeras horas del día. Su punto de cita es la plaza del Castillo, frente al Círculo Carlista, donde s detienen los coches y los saludan con voces amigas. -¡Bien por Puente la Reina! -¡Adelante los de la barranca! -¡Viva Mendigorría!
Los carlistas de Villava, pueblo limítrofe a Pamplona, llegan en una compacta manifestación con sus autoridades al frente.
¿Quién es capaz de contar las boinas rojas de ese día…?

Del Círculo de la plaza, donde pasó la noche en vela de armas ha salido el Tercio de Requetés de Pamplona (el tercio del Rey) y se sitúa en la plaza del castillo, junto al kiosco de la música. A las diez de la mañana el General se encamina a pié a Radio Navarra. En medio de ovaciones ensordecedoras Mola cruza las calles, y en alocución conmovedora expresa la emoción que le ha producido el imponderable espectáculo de Navarra, que ha superado a cuanto se imaginó. La férvida manifestación patriótica se renueva cuando el General se dirige desde la emisora a la plaza del Castillo a revistar a los requetés allí congregados. Y los ve desfilar marcialmente con un aplomo de veteranos y no puede contener el asombro y la emoción que éste estrenamiento (sic. de estreno) militar la causa. Las lágrimas asoman a sus ojos en presencia de aquel espectáculo increíble.
¡Qué magnífica tropa! –le dice a Utrilla-. Pero son muchos más de los que pedí… Sí mi General; son unos 4.000 pero mañana habrá ya el doble. -¿Y cómo vamos a sostenerlos? -¡Bien, bien! –Pero hay que avisar por Radio que por ahora no salgan más de los pueblos” (…).
De Pamplona salen continuamente columnas en todas direcciones, en las que forman  parte unidades de requetés (…)”
(…) 
(Nota del transcriptor: Hasta aquí Historia de la Cruzada de José Mª Iribarren, recogido en un Documento a máquina, 25 fols., Pamplona, abril de 1952, titulado “Antecedentes. Los carlistas ante la revolución encubierta de un liberalismo importado. Informe reservado. Archivo particular” p. 12-14).

(El narrador de 1952 continúa): 
¡Qué escenas se presenciaron en Pamplona! qué entusiasmo más delirante; confesiones públicas en el grupo escolar de San Francisco en los pasillos; en los bancos de la plaza, arengas de las Margaritas y de las madres; qué despedida en la estación; el trayecto por Navarra, fue apoteósico, en las estaciones asaltaban el tren los requetés que no se les permitía venir a Pamplona. Y había que rechazarlos, pues hasta Pelayos de 14 y 15 años (algunos de ellos consiguieron camuflarse en el convoy). El panorama cambió en Aragón en donde al paso del tren levantaban el puño (…)
Y así continúan saliendo, el heróico Tercio de Montejurra, el no menos valiente de lazar, San Fermín, San Miguel etc. etc. Y así en Andalucía, en La Rioja, en burgos, Vitoria etc…, en toda la España nacional. ¡¡Y cuántos y cuántos se hubiesen formado en Valencia, Maestrazgo y Cataluña, en donde se contaban con contingentes tan importantes como en Navarra…? Hubo desde luego en esta provincia oportunidad de haber formado de 25 a 30 Tercios en sesenta días (…).
(…) Mueren unos requetés en el frente, son traídos a Pamplona, y cuando se les va a dar tierra, avanza una mujer enlutada, y con gran entereza dirigiéndose a uno de ellos le dice con voz fuerte: ¡Hijo mío! Has sido digno de tus antepasados, has muerto por “Dios, la Patria y el Rey”, estoy orgullosa de ti, en el Cielo nos encontraremos. Después le besa en la frente, y ordena se le dé tierra. La escena como se ve fue patética; la mayoría de los presentes se secaron los ojos. ¡¡Ejércitos de Tierra, Mar y Aire!! España nunca os pagará la deuda que os debe. ("Antecedentes"... p. 14-15)
(…)
¿Y qué sucedió? ¿Qué rumbo tomó la política? ¿Qué régimen se instauró en España? ¿Qué trato se dió a los carlistas? ¿Qué se hizo de sus instituciones y programa político?
Al quinto día de iniciada la Cruzada llega una noticia dolorosísima para los españoles nacionales. El general San Jurjo que había de asumir el mando supremo del Movimiento, había perecido en las proximidades de “Mariña” (Portugal), víctima de un accidente de aviación cuando se dirigía a Burgos a tomar el mando. La noticia cayó como una bomba sobre los carlistas. El instinto les decía que la pérdida sería irreparable. El General que había de mandar sus ejércitos en una guerra exclusivamente carlista. El General que figuraba en las negociaciones de éstos con Mola, y que seguramente tendría en cuenta su aportación el día que se instaurase el Régimen definitivo en España, había desaparecido. ¡Qué pérdida para ellos! pero no obstante esperaban en que la justicia hablara, y no sufrió la menor merma su entusiasmo, confiaban en Mola, que les mostraba las mayores consideraciones; contaba con ellos para todas sus empresas, y estaba en el secreto de las bases establecidas en la contribución de los carlistas, en algunos extremos condicionales, y en otros para resolver, después de ganada la guerra ("Antecedentes"... p. 15)
(Nota de transcriptor: no es cierto que a carlistas y falangistas les separasen criterios secundarios, que es lo que declara Iribarren).

(A esto los carlistas dicen: no es verdad les separaban criterios principalísimos, pues unos propugnaban el régimen totalitario, con esencias y formas extranjeras –de Italia y de Alemania- y el régimen monárquico les era una cosa muy secundaria, mientras los otros aspiraban a la España auténtica, Foral y Tradicional, y sobre todo con la Monarquía Legítima; por lo tanto les separaba un abismo; y en cuanto a lo que dice (nota: Iribarren) de la política de guerra… En la guerra no hay política, no hay más que obediencia al mando, de modo que lo que también les separa era el modo de llevar la política, con vistas a la implantación del futuro régimen). (Nota: entre paréntesis en el original).
(Nota de transcriptor: a continuación el narrador rechaza el decreto de Unificación del 19-IV-1937 porque “hacía tabla rasa de las negociaciones y antecedentes de la Comunión con loas generales Sanjurjo y Mola”). 
(…)
¡¡El General Mola había muerto también en un accidente de Aviación!! ¡¡Ay!! Aunque el General en las negociaciones y preparación del Movimiento no mostró grandes simpatías por los carlistas, cuando después vió lo que no creía ni en sueños presenciar, cuando reconoció la aportación decisiva que en el Norte habían dado los carlistas, cuando tuvo en sus manos todos los millones (el fondo foral) que la Diputación de Navarra le entregó, entonces rectificó la opinión que de éstos tenía; pero ¡ya había muerto! ¿Quién los defendería?” ("Antecedentes"... p. 19). 
(…)
Pero parece que faltaba dar el golpe espectacular que pusiese de manifiesto la muerte definitiva de la Comunión Tradicionalista, y éste golpe definitivo había que darlo en Navarra, debía de darse en el corazón de la Comunión, es decir, en el Círculo de la Plaza del Castillo de Pamplona. Esta casa que había pasado a ser un símbolo para todos los carlistas de España y que se consideraba como el Templo del más exaltado amor patriótico, donde tanto se trabajó por el Movimiento, y sobre la cual se concentraba todo el Odio del izquierdismo iba a ser clausurada. Ya hacía tiempo que se vislumbraba el peligro; continuas visitas de la policía e incidentes con algunos antiguos carlistas (poquísimos) que habían aceptado la eliminación de la Comunión y que aceptaban prebendas de la nueva autoridad; intrigas de ésta para la instauración de una sociedad que se podría titular de “Excombatientes”… se buscaba un incidente, un pretexto… y este llegó” ("Antecedentes..." p. 20).


Nota del transcriptor: el narrador explica los acontecimientos que produjeron la clausura y cierra del Círculo de la Plaza del Castillo, y añade: 
“Este suceso cayó en Navarra entera, como una bomba, todos sin distinción de ideas (hasta los izquierdistas) calificaron tal medida como arbitraria e impolítica; por los carlistas no digamos; no encuentran calificativo para juzgarlos. Pocos días después, en un banco de madera, aparecía escrito con tiza blanca: ¡¡¡CARLISTAS!!! ESTE ES EL PAGO QUE OS DA ESPAÑA A VUESTRA LEALTAD Y HEROISMO, VENID A NOSDOTROS ¡¡¡GOZA EUZKADI!!!
El último hilo que aún quizás podría unir a los carlistas con el régimen se había roto” ("Antecedentes..." p. 22)
(…)

(Documento a máquina, 25 fols., Pamplona, abril de 1952, titulado “Antecedentes. Los carlistas ante la revolución encubierta de un liberalismo importado. Informe reservado. Archivo particular”).















Recopila: José Fermín Garralda
Pamplona, 30-X-2016

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